Probablemente él estaría en los preámbulos de su aniversario de bodas número 38. Probablemente no haría nada especial o regalaría a su esposa algún zafiro, perla o rubí, más si la certeza de amarle sin duda alguna eternamente.
El la miraría con ternura mientras ella prepararía la cena y haría un café conversando de las cotidianidades del día. Ella llevaría su mejor sonrisa y él su elegancia con su gracia innata de un “Don Juan” enamorado.
De seguro compartirían sus cosas en el comedor al tiempo que él la invitaría a sentarse y olvidarse de las preocupaciones… estarían sólos o rodeados de nietos a quien él consentiría todos sus caprichos.
Probablemente se sentarían en la sala a escuchar música. Ella recordaría sin decir palabra alguna sus galanterías y cortejos con que él robó su corazón con pequeños detalles; el recostaría su cabeza terminando dormido media hora más tarde, tal vez despertaría ante alguna travesura de algún pequeño que halaría su mecedora sin malicia para verle despertar y reír todos juntos …
Probablemente ambos se mirarían cerrando la puerta y recordando con sus miradas radiantes de vida el verdadero significado de lo que muchos llaman amor y tomando sus manos sellarían el pacto inmortal… Alguna vez su historia cerraría el capitulo final al reencontrase ambos en otro umbral y danzar la canción inconclusa que sólo existe en el recuerdo nostálgico de un tercero…
El la miraría con ternura mientras ella prepararía la cena y haría un café conversando de las cotidianidades del día. Ella llevaría su mejor sonrisa y él su elegancia con su gracia innata de un “Don Juan” enamorado.
De seguro compartirían sus cosas en el comedor al tiempo que él la invitaría a sentarse y olvidarse de las preocupaciones… estarían sólos o rodeados de nietos a quien él consentiría todos sus caprichos.
Probablemente se sentarían en la sala a escuchar música. Ella recordaría sin decir palabra alguna sus galanterías y cortejos con que él robó su corazón con pequeños detalles; el recostaría su cabeza terminando dormido media hora más tarde, tal vez despertaría ante alguna travesura de algún pequeño que halaría su mecedora sin malicia para verle despertar y reír todos juntos …
Probablemente ambos se mirarían cerrando la puerta y recordando con sus miradas radiantes de vida el verdadero significado de lo que muchos llaman amor y tomando sus manos sellarían el pacto inmortal… Alguna vez su historia cerraría el capitulo final al reencontrase ambos en otro umbral y danzar la canción inconclusa que sólo existe en el recuerdo nostálgico de un tercero…
... Alguna vez, la vieja vitrola entonaría sus acordes y danzarían sin separarse jamás.






