El lunes en la tarde, dirigiéndome a clases, me pareció divertido el ruido de la ciudad mientras cruzaba mi tercer semáforo antes de llegar a la avenida Rómulo Betancourt. Los carros parecian cantar una sola copla con sus bocinas roncas y otras desafinadas; sonreí un poco observando al policía de Amet ondear su brazo de izquierda a derecha con la ignoranza tercermundista de maniobrar el tráfico estando en funcionamiento este aparato inteligente. Ayer, al volver en la tarde del trabajo, salí a mojarme un poco bajo la lluvia, cosa que disfruté bastante. Qué pasaba en estos momentos conmigo? estaba rompiendo esquemas o simplemente estaba pasando del otro lado de la raya amarilla de mi extremismo? ... Mientras secaba toda el agua de mi cuerpo, me puse a pensar en como vamos asimilando las cosas que ocurren a nuestro alrededor que en ocasiones no podemos tener control de ellas. Cuando era niño, detestaba que lloviera, entraba en una crisis caprichosa tan grande que no salía de mi cama; mi madre trataba someramente de hacerme entender que el proceso de lluvia era parte del ciclo de la naturaleza, pero aún así seguía sin entender, aún así, no deseaba poner mis pies en el frío piso o mojarme fuera ( que fantasma no? ) .... Por otro lado, siempre he detestado el ruido insoportable de las urbes y ciudades en donde el estres cotidiano te hacen colapsar si no has dormido al menos 7 horas la noche anterior. Esta tarde volví a pensarlo de nuevo cuando en un momento de apuro laboral respondí con toda naturalidad, sin imponer mi criterio, sin reproches ni queja. Entendí ciertamente que esa parte que acomodaba en la espalda tolerante de mandamientos incumplidos, eran parte de la complejidad humana conocida como "EQUILIBRIO" ... el tono musical que nos hace entender mejor la vida fuera de un estereotipo caprichoso y antojadizo de nuestra niñez.
El equilibrio es la balanza que te permite en un momento dado tener control de ti mismo (a) ante el laberinto que te arrastra a los extremos, es el punto intermedio de situaciones irracionales o circunstanciales. En la vida hay momento para todo y dentro de ese todo, el equilibrio debe estar presente. Esa balanza de la cual hablo es la que literalmente hace percatarte que la intuisión aveces le gana a la razón y que la sensatez debe imperar por encima del orgullo o del ego volatil que nos encierra en una burbuja. El equilibrio del que estoy hablando no es el hilo del que cuelga nuestra cordura o locura momentanea, tener firmeza con nuestra personalidad no está mal, de hecho en ocasiones nos hacen especiales algunas particularidades que si las cambiaramos, dejariamos de ser autenticos, de parecer atractivos o interesantes ante alguien. El equilibrio es la "pizca de sal" en lo dulce. Ese equilibrio, no es el estado emocional que arrastramos a diario y lo reflejamos en cada hora que compartimos ante los demás; es mucho más que un cambio de humor pasajero y momentaneo; es la parte en que nos divorciamos de un capricho que enferma la estadía de quienes esperan ver en nuestro rostro una sonrisa con una carcajada perpleja, es sentarte a cultivar tu fé sin pensar en la negatividad de las situaciones, es desterrar ese pasado que nos condena como alma en pena a días que fueron "ayer" la tinta de una historia que escrita en papiro está. El amor vrdadero no necesita equilibrarse, el mismo no se mide en patrones de escalas que incluyen números de cifras como ecuación matemática, tampoco la sinceridad, la amistad, los buenos valores, los buenos principios.
Hoy tomé lecciones de guitarra imaginaria y eché a un lado el control remoto con el que tarareo ocasionalmente melodías con notas de principiante, que me hacían acoplar un baile en el que danzaba perfectamente el ritmo de la vida, aparté el pesimismo y supe que tras esa estela negativa de telarañas y pánico, está un colorido universo de cosas hermosas que a diario nos hacen ser felices sin importar la distancia que nos una, sin importar que un pequeño gesto sea el que deje escapar la carcajada más exquisita de la noche, ese es el momento en que el equilibrio del día ha balanceado tu vida. Eché a un lado los apuntes que alguna vez había decidido aprender de Roberto Benigni, supe que mi poder de equilibrio estaba siempre ahí cuando comprendí que una gota de agua era más que suficiente para recordar cosas hermosas o el surco de una barbilla que vislumbra el camino de unos días placenteros con arena, salitre y días soleados ... en mi mundo real.
El equilibrio es la balanza que te permite en un momento dado tener control de ti mismo (a) ante el laberinto que te arrastra a los extremos, es el punto intermedio de situaciones irracionales o circunstanciales. En la vida hay momento para todo y dentro de ese todo, el equilibrio debe estar presente. Esa balanza de la cual hablo es la que literalmente hace percatarte que la intuisión aveces le gana a la razón y que la sensatez debe imperar por encima del orgullo o del ego volatil que nos encierra en una burbuja. El equilibrio del que estoy hablando no es el hilo del que cuelga nuestra cordura o locura momentanea, tener firmeza con nuestra personalidad no está mal, de hecho en ocasiones nos hacen especiales algunas particularidades que si las cambiaramos, dejariamos de ser autenticos, de parecer atractivos o interesantes ante alguien. El equilibrio es la "pizca de sal" en lo dulce. Ese equilibrio, no es el estado emocional que arrastramos a diario y lo reflejamos en cada hora que compartimos ante los demás; es mucho más que un cambio de humor pasajero y momentaneo; es la parte en que nos divorciamos de un capricho que enferma la estadía de quienes esperan ver en nuestro rostro una sonrisa con una carcajada perpleja, es sentarte a cultivar tu fé sin pensar en la negatividad de las situaciones, es desterrar ese pasado que nos condena como alma en pena a días que fueron "ayer" la tinta de una historia que escrita en papiro está. El amor vrdadero no necesita equilibrarse, el mismo no se mide en patrones de escalas que incluyen números de cifras como ecuación matemática, tampoco la sinceridad, la amistad, los buenos valores, los buenos principios.
Hoy tomé lecciones de guitarra imaginaria y eché a un lado el control remoto con el que tarareo ocasionalmente melodías con notas de principiante, que me hacían acoplar un baile en el que danzaba perfectamente el ritmo de la vida, aparté el pesimismo y supe que tras esa estela negativa de telarañas y pánico, está un colorido universo de cosas hermosas que a diario nos hacen ser felices sin importar la distancia que nos una, sin importar que un pequeño gesto sea el que deje escapar la carcajada más exquisita de la noche, ese es el momento en que el equilibrio del día ha balanceado tu vida. Eché a un lado los apuntes que alguna vez había decidido aprender de Roberto Benigni, supe que mi poder de equilibrio estaba siempre ahí cuando comprendí que una gota de agua era más que suficiente para recordar cosas hermosas o el surco de una barbilla que vislumbra el camino de unos días placenteros con arena, salitre y días soleados ... en mi mundo real.




