Nos sucede un día, sin argumentos, sin explicación, amanecemos con el nivel de tolerancia activado y decidimos poner un Stop a las personas que nos ponen de cabeza. Duras toda una vida tratando de entender a los demás, siendo empático, mientras el mundo de los tantos y tantos egoístas incrementa gracias a la paciencia que otorgas diariamente, gracias a la comprensión que sin postura o hipocresía concedes. Nos cuesta por un momento ponernos en los zapatos ajenos. Al diablo la maldita lógica, los paradigmas del entendimiento o la bondad extrema que nos convierte en pordioseros frente a las personas irreverentes. Es más fácil juzgar a los demás que entender sus razones. Los impertinentes parecen salirse con las suyas cuando justifican con mediocridades las maldades que encierran y propagan en cada una de sus pisadas, con su desconsideración y haciendo prédica de filosofía barata o vanagloriándose frente a quienes no conocen el interior de quien alardea con falsedad.
Por un instante nos olvidamos de la fuerza de voluntad, del optimismo infinito o de la cordialidad punto en blanco y damos un paso al frente quitándonos el traje de paciencia del cual nos tenemos que vestir diariamente para mantener esa inteligencia emocional intacta y la cordura sin alterarnos o callar cuando algo nos molesta aún entendiendo que la razón está de nuestro lado; pero no se trata de establecer un perímetro con áreas donde colocas una bandera blanca al dominar un territorio, es respetar a los demás con el grado que requieren y no cruzar la línea donde tropieces con los sentimientos ajenos o humilles a quienes están a tu alrededor por entender que tu estatus social o económico te confieren tal potestad de hacerlo. Bajo que pretextos? Con qué derechos?
Miles al igual que yo diariamente debemos vestirnos de paciencia, como cuando tomas el paraguas al salir de casa los días lluviosos para no mojarte y planificas cada cosa para no inferir con ningún retraso en la agenda de nadie o NO cubrir con mentiras las justificaciones. Un día simplemente decides romper las ataduras que atan esa paciencia cuando te cercioras que, con quien has mostrado lealtad, amor desinteresado y nada a medias, ha desvalorizado tu trabajo y fuera de hacer las cosas bien como es debido o excelentemente bien, por encima de esta postura, o permitirnos ser masoquistas a conciencia, los humanos respondemos a estímulos favorables; también es cierto que un día nos levantamos con otra visión, sin duda alguna de que algunas personas NUNCA cambian y salimos sin paraguas, sin importarnos un bledo la lluvia, sin acumular en tu interior la virtud que "supuestamente" otorga la paciencia, porque decidimos tocar la música que otros deben bailar …















