
Y se preguntaba si estaba en medio de las tinieblas o en Finlandia con el sol de media noche en su espalda, en la desnudez de las aguas marinas que casi rozaban sus pies colgados de impaciencia. Dejó de entender las razones loables ante el frío que vestía su “inconciencia conciente”. Hoy no quería respirar aire usado, tampoco hacer alarde de placeres con tarjeta dorada y capricho delirante. Le nacieron alas y se cansó de alardear una libertad que encarcelaba cada uno de sus pasos, volvía con las manos cubiertas de nada y esa sensación que borraba los archivos de curvos recuerdos.
Dejó todo y se aventuró al incierto, tomó sus arrugadas camisas con fragancia marchita y emprendió el viaje al centro de su mundo. Acortó la distancia entre la frialdad y la indiferencia que entorpecía su camino. El licor de sus fiestas trasnochadas hoy rancio y sin deseos se perdían en el silencio ruidoso. El eco de su voz se convirtió en un lamento inusual, por un momento se sintió dueño del mundo y pordiosero entre la gente que madrugaba las tardes con aventuras de invierno soleado.
El violín desesperado de su musa marchita jugaba danzando la esquina revuelta con poker y canciones de ayer; y soñó, y entregó lo mejor de sus delirantes noches a la promesa incansable de no olvidar aún cuando el cruel otoño anunciara otra estación donde la llama cálida de su mirada dejaría de llevar sonrisa prestada para convertirse en mortal de tiempo completo y amarle eternamente con todo su corazón.
Dejó todo y se aventuró al incierto, tomó sus arrugadas camisas con fragancia marchita y emprendió el viaje al centro de su mundo. Acortó la distancia entre la frialdad y la indiferencia que entorpecía su camino. El licor de sus fiestas trasnochadas hoy rancio y sin deseos se perdían en el silencio ruidoso. El eco de su voz se convirtió en un lamento inusual, por un momento se sintió dueño del mundo y pordiosero entre la gente que madrugaba las tardes con aventuras de invierno soleado.
El violín desesperado de su musa marchita jugaba danzando la esquina revuelta con poker y canciones de ayer; y soñó, y entregó lo mejor de sus delirantes noches a la promesa incansable de no olvidar aún cuando el cruel otoño anunciara otra estación donde la llama cálida de su mirada dejaría de llevar sonrisa prestada para convertirse en mortal de tiempo completo y amarle eternamente con todo su corazón.




