El martes por la noche tenía visitas en mi casa. Como este es el siglo de no complicarse la existencia, decidimos que nadie cocinaría (sería una velada en que comeríamos sushi) … procedimos a considerar los lugares para pedirlos a domicilio y seguir satisfechos con quien se inventó el delivery de media noche. Procedí a llamar explicándole detalladamente cada tipo de sushi o rollo. “Hermosa: quiero el mío especial, voy a dejarlo a tu opción … una salvedad, a ninguno le pongas pepino, mis amigos y yo no comemos pepino, ok”? … Perfecto señor, me contesta la simpática joven por el teléfono, mientras reconfirmaba el pedido. El servicio llegó muy rápido y todos con un hambre voráz echamos a un lado los tragos para deleitarnos con el suculento banquete de casi madrugada en el que ninguno sentiríamos remordimientos por haber comido a des-hora (no al menos yo, jajajaja) … vaya sorpresa, el mío era envoltura de algas marinas con mini bastoncitos de pepino (pueden creerlo?) … Procedí a llamarla para felicitarla por su gran hazaña de echarnos a perder la cena, porque aparte todos tenían pepino (y aunque todos procedieron a quitarle este insípido vegetal, yo no tenía opción a mano que no fuera comerme el cuadrito de arroz con el alga, cosa que tampoco haría. Ella sintió un apuro tan grande que me expresó que al día siguiente me enviaría las 4 ordenes gratis. “No te molestes, y si llegaras hacerlo, créeme que lo echaría al zafacón como acabo de tirar el número telefónico de su restaurant, no me interesa de nuevo volver a llamar nunca más a este establecimiento” … dije, colgándo el auricular.
… Ayer sentí pánico al entrar de nuevo a esa peluquería (barbería) para hacerme ese corte de cabello que anticipaba vacaciones y alejara de mis talones el aspecto de oficina. Ahí estaba yo, sentado en el sillón giratorio donde el “hombre manos de tijeras” había hecho locura con mi cabeza al cortarme todo mi cabello a principio de año; era la 4ta. Vez que volvía (entendiendo que a las personas hay que darle una segunda y hasta tercera oportunidad) Alguna vez han visto como queda un coco de agua cuando alguien está pelándolo? Ese era yo, con el pelo “trasquilado” … y mirándome de nuevo en el espejo más bien parecía un coco seco con algunos flecos cortos ( por qué ese desconsiderado insiste en hacerme cortes de rockero decadente con estilo ochentón???) … Lo miré a la cara al pagarle y le dije: “ Oye, si alguna vez vuelvo por las proximidades de tu peluquería no me hagas caso, es que he perdido la razón por completo, las veces que he venido aquí has hecho un desastre en mi cabeza, lo siento, pero yo no soy conejillo de indias” … procedí a pagarle mirando como este bajaba su cabeza muriendo de vergüenza.
Estas dos historias me habían dejado una lección que me harían alejarme de mi continua tolerancia. Hay personas que nunca puede permitírsele otra oportunidad. Aprendí a ser reiterativo y no dejar que otros decidan por mí,(aún teniendo en cuenta el nivel de caballerosidad y protocolo) … a ser imperante sin necesidad de ser grosero. Las personas que ofrecen un mal servicio no cambian, su patrón es constante en el que no se detienen a satisfacer las necesidad del otro. La impotencia más grande que puede experimentar alguien ocurre cuando aniquilan un deseo, un sueño un capricho. No soy para nada grosero, pero ya saben que pienso que cuando callas otorgas y dejas que el monstruo que te atiende o facilita un servicio siga haciendo de las suyas con su poca eficiencia o negligencia. Hay personas que el nivel de tolerancia con ellos debe ser menos cero. Luego de pensarlo bien, lejos de parecer una expresión extremista y descabellada, me doy cuenta que “yo no como sushi aplatanao” jumm!
Posdata: No ando de mala suerte, sólo un poco estresado .. dentro de pocas horas salgo de vacaciones ... a festejar!!! (mientras, estaré interno todo el día en un spa ... zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz!!!)


