Cuando mi amiga Esther me solicitó ser el maestro de ceremonias en la recepción de su boda, me sentí más que halagado, así que la pasada semana empaqué mis ganas de tener asiento en primera fila para ser participe de la unión de dos personas que creen en el amor y sus principios están por encima de cualquier convicción desatinada. Esta vez, recibía una bofetada sin manos al presenciar una de las bodas mas hermosas a la que he asistido (porque para ser honesto, no me gustan las bodas y soy escéptico a veces con relación al amor ) … Nunca había escuchado a alguien entonar con una voz tan angelical el ave maría, el escenario al filtrarse los rayos del sol al atardecer por los vitrales y amplios ventanales de la catedral de La Vega, me parecieron la locación perfecta para una escena romántica de un film al mejor estilo de James Cameron. Siendo participe de la complicidad del ambiente alegre y acogedor donde el blanco resplandecía al compas de la angelical sonrisa de mi amiga, me pregunté en voz baja: con quién te casas? Con una persona especifica o incluyes en el mismo paquete ambas familias? Es primordial esto a la hora de la convivencia posterior?
Nos casamos también con la familia de nuestra pareja y aunque sus decisiones con respecto a las nuestras no sean tan vitales, la buena compenetración entre ambas familias es un punto primordial para que una relación fluya sin inconvenientes cuando entramos al círculo de la segunda familia de la que, automáticamente formamos parte. De hecho, todo comienza por la aceptación del novio o novia en el momento en que hay una presentación formal a los tuyos donde la aprobación en algunos casos por actitudes, comportamiento y ocasionalmente exterioridades, son tomadas en cuenta por nuestros parientes. Cuando una pareja cuenta con el apoyo de ambas familias en caso necesitado, los conflictos y situaciones se resuelven de la mejor manera posible. En el caso de las mujeres, a la mayoría les gusta contar con el apoyo de la familia del novio o esposo y sentir que el vínculo solidario está presente cuando los suyos no están cerca para asistirle ante sus necesidades. La demanda entre los hombres es más de respeto y espacio que afecto.
No hay ninguna formula infalible para garantizar la aprobación de la otra mitad en una relación, pero cuando los intereses comunes entre dos personas son afines, difícilmente afronten dificultades de entendimiento, compenetración respecto a las diferencias y tolerancia para afianzar un matrimonio feliz. La comunicación es vital, la pieza que hecha andar el motor en cada relación de este siglo.



