Fuera de dramatismo o de dormir boca arriba con mi brazo ondeando mi frente sinónimo de pensamiento profundo y perturbación casi constante, pasé toda la semana pasada con “vértigo” en el que sentía que los pequeños y descoloridos edificios de la ciudad me devoraban.
Comencé a sentirme así luego de encontrarme “coincidencialmente” con mi amigo “WR” el fin de semana pasado en un bar en Punta Cana. Mi amigo es un actor con apenas 27 años; soñador, exitoso y muy “buena gente”. Nos sentamos en el bar a tomar un par de tragos invitando la ciudad del agave en un sorbo completo con “limón y sal”. No habían transcurrido 5 minutos de nuestro encuentro en el que nos poníamos al tanto cada uno sin detalles profundos cuando empezó a contarme el dilema existencial “820” en el que la secuela emocional de un capricho amoroso adolescente de "19 años" habían vuelto su vida un laberinto en el que no había retorno para llegar a comprender la locura que atravesamos por amar con todo el corazón y pasar “más allá” del camino que une el hilo de la cordura y el razonamiento. Volví a pedir mi trago doble al escuchar la confesión más perturbadora que “WR” expresaba con firmeza, un poco de coraje y rabia, al tiempo que dejaba perder su mirada frente al tumulto de botellas con marcas Premium, cristales y copas. Lo miré mientras acariciaba mi anillo plateado de mi mano izquierda como muestra de nerviosismo fugaz, sólo escuchaba. No pronuncié palabra alguna y supe entonces que Kate Beckinsale tenía compañero en el pasillo oscuro que todos compartimos en nuestro interior, ese que casi nunca dejamos ver, pero que llevamos con nosotros: “El Inframundo” ese extremo que nos hace ser protagonista en “Sin City”.
Mi sorpresa pávida nocturna me hacía entender un poco el punto de vista de mi amigo al que la vida le ponía en frente una bomba con un detonador teniendo a su cargo presionar el botón multifuncional “On – Off” … Escoger “On” era lo más sensato? Encender la llama a la provocación de las bajas pasiones o dejarnos sucumbir frente a las mismas, es siempre lo más conveniente? … Quise estar del mismo lado de la acera para comprender su postura, pero mi poca clarividencia no permitía intuir su “crueldad prestada”. Dejé a un lado mi tequila que ponía en frente ese barman descarado con mueca confianzuda y sentí que necesitaría todo el aire de la zona este para mis pulmones. … El Inframundo no es acaso el instinto bajo que corroe el más oscuro pensamiento de nuestra alma? … El candelero de la perversidad ha estado presente desde que el hombre explaya sus “emociones” públicas o privadas desterrando ideales con “horrores” que implican el crimen y aberraciones que a muchos nos cuesta entender sin juzgar.
Odiar las canciones unplugeed de mis artistas favoritos no era un preludio al bajo mundo. Tampoco mis caprichos ocasionales que rehusaba abandonar. Lo cierto es que, como etiqueta, todos nos dejamos arrastrar por uno de los “Siete Pecados Capitales” con inclusiones “extras” como manjar a la calle de “placeres prohibidos”. Alguna vez hemos sido tocados por la avaricia, o la pereza un domingo cualquiera, o la gula. Y que tal la Soberbia cuando es necesitada como escudo ante una debilidad? Y la lujuria? Acaso era despertada en ambiente propicio de noctámbulos? … pero la ira no se queda atrás; la misma es un pastel en el que hemos dado una probadita no solo una vez, nos hemos “ensuciado las manos” con la dulce exquisitez momentánea liberando nuestras neuronas o incursionamos la guerra ante los osados despertando un sentimiento despiadado antes que sentirlo nosotros; “La envidia”, la misma que deja verde algunos como pretexto de la mediocridad o de tener “poca personalidad forjada”.
Cierro mis ojos al entendimiento sin juzgar los motivos despiadados del número perfecto o de las faltas ajenas con excusas justificadas como “locuras consientes” de mentes pequeñas que asesinan los sueños de muchos con su despiadada forma de amar, de jugar con los sentimientos ajenos y llantos de hijos que ven separar sus padres, los mismos que oprimen el gatillo para terminar con sonrisas y amaneceres de muchos en vida. Dejé escapar el dolor de cabeza punzante de mi sien para emitir una plegaria ante las personas que se encontraban del mismo lado de los “Vampiros de la noche” … La postura de muchas circunstancias era entendida a cabalidad cuando en carne propia sentías como el viento frío y eterno de “situaciones inusuales”, al igual que “WR”, … tocaban tu ser.

