En mi último encuentro con mi amiga “YV” volví a casa con un mar de preguntas y pocas respuestas (o quizás las tantas repletas de entendimiento total y pleno sentido común) – No sabes cuanto me alegra verte, me dijo una hora más tarde en que junto a otros amigos en común compartíamos la velada perfecta al compás de la luna, buena música y las típicas anécdotas de las travesuras universitarias. No se que hacer, necesito que me recomiendes algo para recuperar el deseo sexual con mi esposo, necesito algo, estoy desesperada, el sexo se ha vuelto poco interesante para mi, me dijo con cara de melancolía como si estuviera frente a su terapeuta sexual.
Le miré antes de contestarle y por un instante recordé lo perfecta que era su relación desde su noviazgo, incluso en el matrimonio con esposo e hijos. Una cosa es lo que percibimos todos de alguien y otra es lo que en realidad es. Si bien es cierto que el sexo no determina el mayor porcentaje para que una relación funcione totalmente en armonía, no es menos cierto que el desequilibrio de este, en muchos casos es un indicativo de separación a mediano y largo plazo.
Algunos estudios científicos aseguran que las neurotrofinas (sustancia química que producimos los humanos) son las responsables de la atracción. Aunque más allá de esa pasión que disminuye con el paso de los años en una relación o matrimonio, debe quedar bien claro que la mayor responsable en conflictos de pareja en cuanto a compenetración cotidiana se refiere (incluyendo el sexo), es LA RUTINA, LA MONOTONIA. Las relaciones, conforme al paso de los años, deben “reinventarse” como manera alterna de sobrevivir a la crisis matrimonial que comienza a reflejarse a partir de los 2 primeros años de convivencia.
El sexo, más que asunto de “química” y atracción física, involucra emociones y sentimientos en las personas ocasionalmente difíciles de explicar, tomando en cuenta que nadie responde de igual manera ante un estímulo o circunstancia. El sexo, para muchos lo es todo en la relación y en ocasiones, causa revuelos a nivel social y es ahí cuando entra en juego la pregunta del millón de dólares “Qué hace él o ella con esa persona? … por qué rayos se casaron? … Desde la antigüedad, diferentes personajes inmortalizados por medio de la historia, evidenciaron sus desaciertos arrastrados por una pasión, llevando al fracaso a diferentes imperios. Para entender mejor este fenómeno tenemos que aclarar que el órgano sexual principal es el cerebro y que éste actúa de manera distinta a como nosotros “pensamos”.
Los paradigmas sociales hacen parejas infelices, a veces las obligan a cubrirse con una máscara y otras tantas, callan las cosas que les hacen infelices por temor al reproche del circulo que está pendiente al desarrollo de cada eventualidad en la relación y en otros casos, las cifras de visitas a terapeutas y divorcios, crean nuevas estadísticas a la disfuncionalidad familiar. Qué pasa cuando el sexo no involucra sentimientos en una relación? Qué pasa cuando la pasión disminuye o ha desaparecido? El sentido de fidelidad, depende de cuan satisfechos podamos sentirnos con el sexo y entendimiento con nuestra pareja? La pasión perdura cuando se conjugan diferentes sentimientos, como: la empatía, el respeto, la comprensión, etc.
Así como mi amiga “YV”, hay miles de casos en el mundo, con desenlaces predecibles, con uniones matrimoniales para preservación inconciente de la especie humana y enviar a la calle una generación de hombres con lagunas mentales en el cerebro y aunque parezca increíble, muchos prefieren comenzar desde cero, que retomar las riendas y salvar su relación … entonces: quiere decir que cuando acaba la pasión acaba el amor? O …. Acaso se puede vivir sin sexo?









