Ayer, luego de regresar del trabajo y poniendo en práctica la receta número 81 de mi nuevo libro “128 cocteles clásicos y modernos” … extasiado en el mueble de mi sala, disfrutando de mi “Paradise” por supuesto sin cherry, esbozando una sonrisa de satisfacción, pensé en la conversación sostenida con mi cuñada Ivón el sábado pasado mientras almorzaba en su casa. Le escuchaba hablar del tema de la felicidad y los percances de la vida. La observaba poner la mesa mientras conversaba inquietamente dejando escapar una queja acerca de la quimera plácida que esperaba ver llegar. “Crees que la felicidad es un paquete que un día trae un cartero con entrega especial y lo coloca en tus manos”? le pregunté, apartando las zanahorias y el repollo del resto de la ensalada que depositaba en mi plato. La felicidad es relativa, fugaz, son apenas segundos que en un día puedes vivir, a veces minutos, horas y ocasionalmente días o semanas; si piensas que la felicidad es eterna, estás mal orientada, creo que tenemos tantas cosas a nuestro alrededor para ser felices que nos olvidamos de compartirlas y apreciarlas, le manifestaba a mi pariente, al tiempo que me hacía compañía en ese comedor de seis asientos en el que únicamente nosotros dos éramos los comensales.
Es más feliz quien tiene riquezas, posesiones materiales o quien disfruta a plenitud la vida con lo que tiene, tomando en cuenta los pequeños detalles? O acaso el secreto de la felicidad les pertenece a Bill Gates, Carlos Slim, Wells Fargo o Warren Buffett? Siempre buscamos algo que llene nuestro vacío existencial que en lo más oculto de nuestro ser tenemos y dentro de esa constante búsqueda “ocasional” en algunos y obsesiva en otros, entraba el dilema de la complejidad humana a la que desde siglos insistimos buscar como un billete de lotería o la solución a todos nuestros problemas cotidianos “LA FELICIDAD” … imagínense toda una vida disfrutando de las cosas que siempre han deseado, no terminaríamos en un momento dado aburridos de la monotonía? Acaso no terminamos con dolor en el diafragma cuando hemos reído más de lo acostumbrado en un día, o derramando lágrimas a causa de la euforia? … Las pequeñas cosas marcan la diferencia de la vida y nuestra necedad nos impide verlas. Te has percatado del paisaje que puedes ver por medio de tu ventana? O las flores que prosperan en el jardín de tu casa? … te has percatado lo hermoso que sonríen los tuyos momentáneamente? … o la satisfacción que produce tomarse una taza de café a cualquier hora del día disfrutando desde al aroma esta exquisitez? O algo más simple como observar el cielo estrellado por las noches o contemplar la luna besando el mar frente a la playa? … Creo que el ser humano en la etapa decadente de sentimientos, realidades y fantasías disfrazadas, se empeña en justificar la “IN-felicidad” como pretexto por negarse a vivir, apreciar y disfrutar las cosas hermosas de la vida: amar, abrazar, reír, soñar, romper la rutina, emprender el sendero de nuestros ideales y dejar de tomar aire prestado a la atmosfera para satisfacer los caprichos de otras personas.
Cada hombre es responsable de su “propia felicidad” sin importar que quienes le rodeen, le faciliten o no las ganas de hacerlo. Nunca dejes que alguien manipule tus emociones y juegue a ser payaso momentáneo haciéndote carcajear en la mañana y en la tarde llorar. Nadie dijo que fuera fácil vivir, pero tampoco es complicado entender que hay más de mil razones para apreciar y valorar la vida sin esperar que la dicha te ofrezca todo en bandeja de plata; probablemente terminemos desterrando a Rhonda Byrne a Taklamakán por generalizar a cerca del universo y desafiar la convicción de Dios ante su voluntad o nuestros deseos que a veces han rayado al borde de la locura deseando “algo” con tanta insistencia convirtiéndonos en estatua de sal o en réplica fiel del Pensador de Rodin. Disfruto de la vida sin ser conformista ideando mi futuro con medida y precaución sin miedo al fracaso; y mientras voy de un lado al otro con mi magneto monocromático extremista, soy feliz captando la sonrisa de los míos o generándola en cada uno de sus rostros, ejercitando mis sentidos sin vanagloriarme por ver , escuchar u olfatear; los pequeños detalles son los que forman las grandes cosas y le dan el sentido a la vida. Sigue tus metas, sigue tus sueños...
Mi felicidad no provenía en estos momentos por el deleite de un trago de “Caipiriña”, ni mi complejo de "barman", tampoco por un ““Perfect Martini” ni por caminar descalzo por los senderos de diferentes mares de América o detestar el origami, tampoco por mi apasionamiento por Barcelona o Madrid … hoy, simplemente me disponía a canjear el cupón de sonrisas y descuento libre de preocupaciones tormentosas ante la tranquilidad de mi conciencia que me permitiría en unos momentos dormir horas extras sin pesadillas o remordimientos. Y a ti que te hace feliz?








