
Ayer me reuní con mi amigo Francis, quien me acompañaría a la misa final de la abuela de mi mejor amigo Joel. Tomamos la avenida V centenario, derecho hasta la venida padre Castellanos, atravesando el puente de la 17 hasta llegar al inframundo de la zona oriental. Nos pusimos al día en conversaciones de amigos que tienen semanas sin verse, lejos de títulos para artículos o contenido de prime – time del fin de semana; él hacía alarde de su Cd de música nueva, yo terminaría poniendo una que nos gustara a ambos. Luego de darle el pésame a los dolientes y quedarnos al final del culto, decidimos en la tarde brindarle un poco de apoyo moral a Joel, nuestro amigo Alex se unió al coro. Cuando discutíamos el lugar donde iríamos a tomar unas cuantas cervezas, no lo pensé dos veces y elegí el lugar de encuentro que ellos prefieren y que por supuesto a mí me desagrada, no por estar en la zona oriental, sino por el ruido excesivo que hay en el lugar donde salgo disparado como cohete de la Nasa.
Tienes fiebre? Te encuentras bien? Estas delirando? Preguntaban los tres con cara de asombro. Parecía extraño que yo sin discusión, estuviera tan flexible. Mientras las canciones de Jimmy Bauer y Anthony Santos hacían estragos en la radio conduciéndonos por los sugurbios pintorescos de escenas “rurbanas”, comencé a pensar en cómo los demás nos ven sin tener derecho a invocar un jurado para apelar a sus impresiones a cerca de nosotros. Desde afuera las cosas se ven mejor, repetía el eco incansable de mi voz interior, llegando a nuestro destino. Apenas había comenzado la primera ronda de cerveza cuando decidí saber la impresión de mis tres amigos que tenía cerca. A gran escala sabía lo que ellos pensaban de mi, pero quería cerciorarme y exponerme a los cambios favorables para una mejor convivencia entre la transparente amistad que demando.
Francis piensa que soy cuadrado, un cuadrilátero exacto, esta vez lo repitió de nuevo y le sumó las siguientes cualidades: Divertido, chistoso, bromista, pero que también le saco de sus casillas cuando entro en la etapa de insistencia. Creo que eres el más comunicativo del grupo de amigos, el más inteligente y sociable, expresaba Alex sonriendo con picardía. Yo creo que eres un poco de todo, decía mi mejor amigo Joel; complicado a veces, cuadrado cuando la ocasión lo amerita, pero muy flexible a la vez; sabes perdonar con facilidad y es difícil negociar contigo algunas decisiones. Me llenó de alegría escuchar las impresiones de mis amigos, atencionándoles a tal grado que me importaba un bledo que se calentara mi cerveza. Por un instante me olvidé del ruido que carcomía mi existencia, pensaba una y otra vez en la "Complejidad Humana" que nos arropa, esa fotografía interior y exterior de cómo nos consumen los demás sin estar equivocados del todo o tener la razón por completo, esa “RADIOGRAFIA” que devela quienes somos, es la que nos encasilla, suma o resta cualidades a nuestra personalidad y al final tiene sólo una lectura universal que nos catapulta a ser sin duda alguna: "ángeles o demonios".
Mi madre piensa que soy: Justo, que no le tengo miedo a nada, terco y rebelde. Mi hermano mayor dice que tengo un súper ego, que tengo complejos de superioridad, que soy muy soñador y que me creo omnipotente; mi otro hermano piensa que soy “pacifista”, el más inteligente de la familia y muy centrado en cada una de mis cosas. ( y que soy tan diplomático que para insultar a alguien lo invito a tomar café antes) Mi hermana dice que soy muy organizado, que enfrento a las personas sin temor alguno y que soy un niño grande. Mi mejor amiga Leydy dice que soy un loco, que soy de otra galaxia; Marcelle dice que soy un pícaro, un muelú (en buen dominicano, un don Juan, un Casanova) y que mis palabras son irresistibles (pero sé que no es así, jummmm) Carla dice que canto malísimo, Robin piensa que soy perfeccionista, Wilkins le suma la categoría dadivoso y fiestero.
Todos dejamos aflorar expresiones de afecto y comportamiento ante las personas y el grado de confianza varía entre cada amigo, hermano o amistad que tengas; si bien es cierto que la primera impresión es la que cuenta, en determinadas ocasiones ponemos una etiqueta ante los nuestros para ser reconocidos por la misma; me explico: dentro de tu portafolio de amigos, siempre tienes uno(a) con quien compartes chistes hasta ponerte ultravioleta de tanto reírte o algún otro al que le cuentas tus secretos, con otro te vas de fiesta a todas partes y con algunos es probable que solo compartas las cosas cotidianas; en definitiva, la percepción que tienen los tuyos de ti, es el reflejo de las actitudes que desbordas en cada paso o cosa que convives con ellos; nunca estoy al pendiente de las cosas que los demás piensan de mí, pero si pongo atención a los fantasmas que puedan hacer entrar en juego la parte emocional que dañe el lazo afectivo con los míos.
Regresando a mi casa cuando la noche comenzaba a darle paso a la madrugada, despidiéndome de mis amigos que formarían parte de la leyenda urbana en la ciudad, pensé que si llegara a sumar todas las cualidades, virtudes, defectos, especulaciones y verdades de las personas más allegadas a mi vida, podría decirse que soy una persona con radiografía normal, yo insisto: “Soy extraño”!