Haces la pregunta del millón mientras recuestas tu cabeza sobre mi pecho; el nocivo rubor invade mis mejillas ante tu interrogante inexorable, la misma que durante 14 días, 22 horas y 34 minutos me he preguntado con insistencia. No das tregua a que mis susurros deslicen mi aliento por el contorno de tus oídos o que mis manos acaricien lentamente tu pecho blanco marfil. Supongo que al final sabes bien mi postura y decides ignorarla para descansar tranquilamente sin ahuyentar tus neuronas. Supongo también que desconoces cuan difícil es para mi contener las ganas inmensas de acariciarte cuando estás a menos de 3 centímetros de distancia y tu perfume siluetea la escultura que añoro moldear impregnando mis huellas dactilares cuan alfarero en plena labor. Acaricio en mis manos la acuarela con un pincel tratando de dar color a tus días mustios, repetitivos como escena al mejor estilo de Chaplin, con vestigios de ladrillos coloniales y fatiga en el borde de tus oscuros ojos. Si al menos supiera con certeza que te gusta de mí, dormiría placidamente por las noches y cultivaría cada mañana mi hedonismo casual sin necesidad de mirarme al espejo. Desconocer las palabras encerradas en el silencio de tus hermosos labios, me convierten en la réplica perfecta de Rodin. El postre marchito, tu cepillo dental verde clorofila en mi baño y el recuerdo de tu cuerpo en mi tálamo junto a mí, estarán esperando la respuesta que sin prisa alguna, deseo ver cumplir … No tardes !!!
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miércoles, 21 de octubre de 2009
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