"Cuando proyectas tu energía transparente y hablas con tu corazón sincero sin amargura, eres un hijo de la luz"
“Siempre le pedí a Dios que me enseñara ser madre antes que ser mujer y él me lo concedió” eran las palabras que pronunciaba la señora encargada de brindar el café mientras tomaba un receso de algunos minutos para regresar al caótico mundo de luces, flashes y ángulos. Ella perdía su mirada en mi rostro recordándome una vez más cuanto me parecía a su hijo quién había muerto hacía algunos meses; yo miraba cada expresión de su cara y quedaba perplejo mirando la marcada sonrisa que tenía su rostro como tatuada aún cuando el pesar le embargaba al congratular conmigo y encargarse de atiborrar mi cuerpo de cafeína. En la antesala del estudio, dos entrevistados acomodaban sus atuendos y esperaban el cuestionario no tan intenso de mi entrevista; yo como siempre, prefería escuchar la historia compleja de personas que para muchos suelen ser insignificantes, pienso que las mejores historias se esconden en los labios de personas ignoradas y grandiosas de corazón.
Cuando su hijo murió, sintió que su alma moría también. Miraba su canosa cabellera recogida a media espalda; bien sabía que cada hebra de su cráneo era un sacrificio de los miles que a diario afrontan las personas optimistas, incansables, las mismas que tienen ganas de vivir y de encargarse de irradiar el cariño, afecto, esperanza y ternura en cada silaba que se desprende de su ser. Sabes algo? Me decía ella, mientras yo separaba el ruido en segundo plano de esa cascada que arrojaba sus precipitadas gotas sobre algunos trozos grisáceos rústicos. La miré con ternura prestando atención total a sus palabras con un tono de voz agradable. “Creo que las personas no mueren, muere su cuerpo, mueren sus cosas materiales, pero los recuerdos hermosos que tenemos de nuestros seres queridos, no mueren. Pienso que nos convertimos de una cosa a otra, las flores más hermosas en el campo nacen bajo el cuerpo que muere lentamente en la tierra” … Estaba frente a una gran mujer, lo supe desde que ella sin saber quién era salió a mi encuentro al parqueo para ayudarme a cargar los tantos cachivaches que en mis manos traía.
Comprendí el significado de sus palabras en los 5 minutos y 37 segundos que compartí al lado de esta señora de manos ásperas, piel morena y sonrisa extraordinaria. Volví a mi ambiente de trabajo con un aire diferente, silencioso y con una sensación extraña. Consideraba mis ideales extraños y hoy eran reafirmados en mi conciencia con ese matiz de palabras prodigiosas. Uno de mis amigos es sordomudo; mientras algunos lo ven como alguien anormal, yo opino que tiene cierta especialidad; porque es tan detallista, comprensivo y humano que no necesita escucharte hablar para sonreírte o preguntarte con sus gestos que te pasa. Tengo una sobrina que tiene un don especial (al menos yo la veo así) de mirarte a los ojos y darse cuenta de tus emociones o si algo te perturba. Te pregunta, te abraza y cuando sus manitas tocan las tuyas sientes esa energía por encima de su ternura.
Todos tenemos en la vida el don universal de amar, de proyectar nuestra luz por encima de nuestra conciencia y simplemente no lo hacemos. Aunque muchos lo duden, soy “El Pacifista” en mi familia y mi madre como testamento ha dejado en mis manos la unión familiar y me pregunto ocasionalmente, tendré fuerzas para hacerlo? Por qué a mí? La fortaleza, el liderazgo, la capacidad de perdonar, de amar, de ser tolerante y empático son indudablemente dones que cultivamos, que cada uno tiene dentro; lo más sensato es convertirnos en estatuas de piedra ante los inconvenientes de la vida, cada día trae su propio afán y yo he decidido que los míos sean menores a las cosas hermosas que me rodean.
Alguna vez te has puesto a mirar que hay detrás de la mirada de tu ventanal??? Si no te percatas bien, es probable que te estés perdiendo el florecer del hermoso jardín que tu vecino cultiva a diario. O te pierdes conocer el grandioso amigo (a) que tienes cerca de tu lugar de trabajo y que no le tratas porque el prejuicio invade tu mente y gobierna tu razón. Deja florecer los buenos sentimientos que hay en ti, date la oportunidad de no etiquetar los días bajo el mandato comercial para expresar el afecto sincero sin importar que en el calendario sea marzo, julio o septiembre.
… Al terminar mi jornada de trabajo, no pude dejar de darle un gran abrazo a esa señora de la cual no recuerdo su nombre, pero si su rostro y las ganas inmensas de vivir y proyectar lo mejor de ella ante los demás con ese sentido humano que nos caracteriza y que muchos destierran de su corazón; su rostro, su sonrisa y su humildad quedarán en mi reafirmando las palabras suyas en mi breve descanso matutino; ella sin duda alguna al igual que miles en el mundo, era indiscutiblemente un Hijo de la luz.
Cuando su hijo murió, sintió que su alma moría también. Miraba su canosa cabellera recogida a media espalda; bien sabía que cada hebra de su cráneo era un sacrificio de los miles que a diario afrontan las personas optimistas, incansables, las mismas que tienen ganas de vivir y de encargarse de irradiar el cariño, afecto, esperanza y ternura en cada silaba que se desprende de su ser. Sabes algo? Me decía ella, mientras yo separaba el ruido en segundo plano de esa cascada que arrojaba sus precipitadas gotas sobre algunos trozos grisáceos rústicos. La miré con ternura prestando atención total a sus palabras con un tono de voz agradable. “Creo que las personas no mueren, muere su cuerpo, mueren sus cosas materiales, pero los recuerdos hermosos que tenemos de nuestros seres queridos, no mueren. Pienso que nos convertimos de una cosa a otra, las flores más hermosas en el campo nacen bajo el cuerpo que muere lentamente en la tierra” … Estaba frente a una gran mujer, lo supe desde que ella sin saber quién era salió a mi encuentro al parqueo para ayudarme a cargar los tantos cachivaches que en mis manos traía.
Comprendí el significado de sus palabras en los 5 minutos y 37 segundos que compartí al lado de esta señora de manos ásperas, piel morena y sonrisa extraordinaria. Volví a mi ambiente de trabajo con un aire diferente, silencioso y con una sensación extraña. Consideraba mis ideales extraños y hoy eran reafirmados en mi conciencia con ese matiz de palabras prodigiosas. Uno de mis amigos es sordomudo; mientras algunos lo ven como alguien anormal, yo opino que tiene cierta especialidad; porque es tan detallista, comprensivo y humano que no necesita escucharte hablar para sonreírte o preguntarte con sus gestos que te pasa. Tengo una sobrina que tiene un don especial (al menos yo la veo así) de mirarte a los ojos y darse cuenta de tus emociones o si algo te perturba. Te pregunta, te abraza y cuando sus manitas tocan las tuyas sientes esa energía por encima de su ternura.
Todos tenemos en la vida el don universal de amar, de proyectar nuestra luz por encima de nuestra conciencia y simplemente no lo hacemos. Aunque muchos lo duden, soy “El Pacifista” en mi familia y mi madre como testamento ha dejado en mis manos la unión familiar y me pregunto ocasionalmente, tendré fuerzas para hacerlo? Por qué a mí? La fortaleza, el liderazgo, la capacidad de perdonar, de amar, de ser tolerante y empático son indudablemente dones que cultivamos, que cada uno tiene dentro; lo más sensato es convertirnos en estatuas de piedra ante los inconvenientes de la vida, cada día trae su propio afán y yo he decidido que los míos sean menores a las cosas hermosas que me rodean.
Alguna vez te has puesto a mirar que hay detrás de la mirada de tu ventanal??? Si no te percatas bien, es probable que te estés perdiendo el florecer del hermoso jardín que tu vecino cultiva a diario. O te pierdes conocer el grandioso amigo (a) que tienes cerca de tu lugar de trabajo y que no le tratas porque el prejuicio invade tu mente y gobierna tu razón. Deja florecer los buenos sentimientos que hay en ti, date la oportunidad de no etiquetar los días bajo el mandato comercial para expresar el afecto sincero sin importar que en el calendario sea marzo, julio o septiembre.
… Al terminar mi jornada de trabajo, no pude dejar de darle un gran abrazo a esa señora de la cual no recuerdo su nombre, pero si su rostro y las ganas inmensas de vivir y proyectar lo mejor de ella ante los demás con ese sentido humano que nos caracteriza y que muchos destierran de su corazón; su rostro, su sonrisa y su humildad quedarán en mi reafirmando las palabras suyas en mi breve descanso matutino; ella sin duda alguna al igual que miles en el mundo, era indiscutiblemente un Hijo de la luz.



