Hace algunos días escuché un señor con cierto desagrado expresar su descontento con la invasión de haitianos que en nuestras calles se ven deambulando, mendigando y arrabalizando la ciudad. El problema de Haití es más grande de lo que parece; no es un problema de frontera o racismo como han querido denotar algunos periodistas internacionales inescrupulosos. Haití arrastra un mal devastador, la peor peste que puede invadir un pueblo o nación: “POBREZA MENTAL”. Cada país es el producto de una psicología social forjada por siglos, estas van más allá de leyes parlamentarias o decretos. Para los que no conocen el origen de esta cultura, debemos hacer énfasis en recordar cuan nómadas son sus ancestros. Los nómadas no se preocupan por cultivar la tierra, por prosperar o hacer cimientos en algún lugar. Van por la vida arrasando como un tornado con todo lo que encuentran, comen los frutos, animales o plantas de su entorno. Haití alguna vez fue tan prospera como República Dominicana, pero sus colonizadores optaron por darle muerte a la gallina de los huevos de oro arrasando con toda su riqueza incluyendo su madera preciosa, la cual puede encontrarse en los muebles coleccionables de palacios franceses.
Haití tiene playas tan hermosas como las nuestras y no les interesa vivir del turismo. Su gente vive en el extremo increíble donde por desgracia la masa pobre está por encima del nivel equitativo, su lado prospero es una burla a una sociedad decadente donde al mundo “a veces parece no importarle” más no es así. Luego del sismo que devastó una parte de su capital, Haití sigue sumergida en la miseria, los escombros aún continúan siendo protagonistas de su desdicha y las casas de campaña nos recuerdan sus ancestros por todos lados: “Africa” en pleno caribe. Miles de millones de dólares han sido depositados y otorgados a esta nación para que se levante y restaure de nuevo su santuario burlón ante el mundo. Donde ha ido a parar todo ese dinero? Quién lo administra? Acaso al gobierno haitiano le importa un bledo la situación de sus damnificados? Su presidente se ha desacreditado ante los ojos del mundo con un asco tan despreciable que lo convierte en el rey indiscutible de la pobreza mental con que son maldecidos los que se niegan actuar con sentido común en la vida. Pocas veces se refirió a su pueblo dando palabras de aliento, al contrario, las veces que se manifestó, dejo entre dicho sus necesidades personales. Lo cierto es que Haití sigue igual o peor, ni una escuela, ni un centro hospitalario, nada.
Recientemente en el país se hizo una cumbre por el futuro de Haití donde 50 países participaron en su afán de reconstruir esta nación de gobernantes necios, de insensatos. Antes de que se asentara el polvo en Puerto Príncipe, nuestro país, nuestra gente, nuestro equipo de socorro estaba al lado de los necesitados. Es una verdadera vergüenza para el mundo que casi 8 meses más tarde del sismo que dejó tantas pérdidas humanas, su gobierno con tantos millones donados por países, artistas y maratones a nivel mundial, no hayan hecho absolutamente nada por su gente. No importa cuanta ayuda llegue, no importa cuantos millones se recauden o cuantos miles dejemos mendigar en nuestras calles, su sistema desastroso de convivencia, de estado y gobernabilidad seguirá envuelto en el manto de bruteza, de pobreza conformista hasta que un día alguien despierte y quite el manto conformista, perverso y bochornoso de su gente …



