Desde hace algunos años aprendí a pelear mis propias batallas y ocasionalmente parece que me vuelvo ermitaño frente al conglomerado social donde debo desenvolver cotidianamente mis pasos. Cada persona busca el oasis donde extasiar su plenitud e instalar su paraíso o construye el palacio para la posteridad con un círculo de buenos amigos, personas fieles, sinceras, honestas y transparentes. Cada día es una lucha constante donde tienes que batallar frente a tantos monstruos y salir victorioso manteniendo el equilibrio de una inteligencia emocional para no colapsar ante formaciones desastrosas de individuos que reflejan la asquerosidad en sus vidas, producto de una formación familiar nauseabunda. Vengo de una familia con una formación basada en el respeto, pero ese respeto no era negociable para asumir una actitud egoísta y poner de cabeza a quienes te rodeaban. Al crecer, entendí la doctrina de mi padre: “el respeto trae respeto”. Lo primero era asumirlo contigo mismo manteniendo un balance integro interno para proyectar lo que eres ante los demás.
El mundo está sumergido en una burbuja egoísta donde cada quien busca lograr sus objetivos sin detenerse nadie a pensar las cabezas que ruedan por el piso ante un comportamiento inoportuno. La sensación más inhóspita y despiadada la experimentamos cuando nos damos cuenta (al menos yo) que alguien a quien estimamos o consideramos ser nuestro amigo (a) nos ha mentido descaradamente y descubres que alguien se escudó bajo tu sombra o mintió usándote como carnada para salirse con las suyas. Imaginemos la siguiente situación: “Recibes un mensaje en tu celular donde te preguntan por alguien que es tu amigo (a) quien tiene 3 días desaparecido y dijo que estaría el fin de semana contigo, tu por supuesto estás en asunto laborales y fuera de la ciudad, el cuadro perfecto para ser creíble, cierto? Qué harías tu al respecto? Cuál sería tu reacción al conocer el incidente? Al menos esperarías una respuesta lógica de esa persona. Los amigos (as) verdaderos no se mienten. Yo nunca he usado a ninguno de mis amigos para mentirle a los míos. De nuevo manifiesto: “Cuando eres capaz de mentirle a tu familia, a tus padres, a tus hermanos y no tienes la suficiente confianza para creer en ellos y ser transparente, que me hace pensar que lo serás conmigo?” No dejes que nadie se haga cargo de luchar tus propias batallas, no permitas las mentiras de las personas que amas, porque cuando alguien te ama, te aprecia o profesa su amistad con honestidad, no es capaz de mentirte o utilizarte bajo ningún concepto.
El raciocinio humano desplaza cualquier cariño o afecto hacia una persona cuando el mismo no es leal y aunque perdones tantas veces como te ofendan o irrespeten tu espacio vital, terminas enviando a la basura esa persona por ostentar con gran insignia la etiqueta “Desechable” y todos sabemos que las cosas desechables son de corta duración. Algunas veces pensamos que hemos perdido la batalla frente algunas personas que se empeñan lograr su objetivo por medio de sus maldades, mentiras y osadías hiriendo el alma de los demás, pero cuando lo miras con sentido común y tras el paso de los días descubres que tienes en tu cabeza la real corona de la victoria, la corona de fieltro que llevan las personas sinceras y respetuosas, sin diamantes, sin metales preciosos ni rubíes … De fieltro porque es duradera y no importa cuantas veces caiga de tu cabeza por un barranco, siempre se mantendrá intacta por que la verdad es indeleble como tu conciencia al dormir en las noches, recostando la placidez de tu alma fuera del remordimiento que alguna vez la vida arrastrará a los mentirosos a sus confines y la realidad de las batallas perdidas, los condenará a vivir errantes, huérfanos y solitarios en la vida, con su castillo de arena en un vertedero de falsedades.

