Ahí estaba yo, perdiendo la vista en el stand de tazas para café el jueves pasado mientras comparaba el regalo de cumpleaños de mi adorada sobrina Pam en un centro comercial de la ciudad; por suerte o desgracia, el gondolero ponía nueva mercancía, de todos los modelos y mi resistencia se hacía pedazos arrastrándome sin duda alguna a la complejidad humana que todos, absolutamente todos hemos experimentado o tenemos con nosotros como un distintivo, o muy marcada como parte imborrable de nuestra personalidad; me estoy refiriendo a las “DEBILIDADES” … Quien alguna vez no se ha dejado dominar por un impulso ante un capricho? Acaso somos tan fríos que no sentimos pasión por nada? Las debilidades dejan aflorar nuestros gustos marcados?
Algunas personas demuestran en con sus debilidades el vacío existencial que remolcan. Otros en cambio, simplemente actúan caprichosamente ante un impulso natural que no causa daños a terceros con sus desvaríos. Ya ni se cuantas son, lo cierto es que me gusta comprar tazas de café (incluso, a mis amigos cafeteros, les tengo una en casa sin que ellos lo sepan) … Hay personas a las que les resulta imposible separarse de una debilidad, este tópico si no es corregido, se convierte en una adicción y ahí es cuando entra en juego la tentación y el impulso por dominar nuestras convicciones.
Muchos, convierten sus obsesiones en colecciones para satisfacer la falta de un sentimiento o simplemente bajan al inframundo de algún pecado capital. Los compradores compulsivos son el ejemplo palpable de lo que expreso, los avaros, los golosos o los que dan rienda suelta a sus desenfrenadas pasiones. Siempre me han gustado los perfumes, recuerdo que hace poco, estaba cruzando la zona de tiendas en el aeropuerto de Panamá y mirando todas las perfumería me decía “No voy a mirar, No voy a entrar” … me senté unos minutos en la sala de espera, soportaría la hora esperando tranquilamente sentado para abordar mi vuelo de conexión cuando mi jefa me dijo: venga, quiero que me ayude en algo… ahí fuimos a parar, al lugar donde convergen todas las fragancias formando un solo perfume; esta vez, le gané al deseo de comprar lo mejor de Chanel o Armani, comprendí entonces que el impulso de adquirir algo material estaban por debajo de los impulsos repentinos de una obsesión.
… Volví al stand de las tazas llevando conmigo 5 a casa; y así, bajo el galanteo de la porcelana china, volví a caer en la debilidad de unos simples pozuelos para extasiar el placer de saborear un delicioso sorbo de café en una nueva adquisición. Y tu, ante que debilidad sucumbes???
Algunas personas demuestran en con sus debilidades el vacío existencial que remolcan. Otros en cambio, simplemente actúan caprichosamente ante un impulso natural que no causa daños a terceros con sus desvaríos. Ya ni se cuantas son, lo cierto es que me gusta comprar tazas de café (incluso, a mis amigos cafeteros, les tengo una en casa sin que ellos lo sepan) … Hay personas a las que les resulta imposible separarse de una debilidad, este tópico si no es corregido, se convierte en una adicción y ahí es cuando entra en juego la tentación y el impulso por dominar nuestras convicciones.
Muchos, convierten sus obsesiones en colecciones para satisfacer la falta de un sentimiento o simplemente bajan al inframundo de algún pecado capital. Los compradores compulsivos son el ejemplo palpable de lo que expreso, los avaros, los golosos o los que dan rienda suelta a sus desenfrenadas pasiones. Siempre me han gustado los perfumes, recuerdo que hace poco, estaba cruzando la zona de tiendas en el aeropuerto de Panamá y mirando todas las perfumería me decía “No voy a mirar, No voy a entrar” … me senté unos minutos en la sala de espera, soportaría la hora esperando tranquilamente sentado para abordar mi vuelo de conexión cuando mi jefa me dijo: venga, quiero que me ayude en algo… ahí fuimos a parar, al lugar donde convergen todas las fragancias formando un solo perfume; esta vez, le gané al deseo de comprar lo mejor de Chanel o Armani, comprendí entonces que el impulso de adquirir algo material estaban por debajo de los impulsos repentinos de una obsesión.
… Volví al stand de las tazas llevando conmigo 5 a casa; y así, bajo el galanteo de la porcelana china, volví a caer en la debilidad de unos simples pozuelos para extasiar el placer de saborear un delicioso sorbo de café en una nueva adquisición. Y tu, ante que debilidad sucumbes???


