Procedimos a prepararnos y como de costumbre, lo primero en comprar fue la bebida. Ron para los “Todo terreno” – Whisky para los Dwaristas y para la princesa platinada? … Ahí entró el estrés, conocer el gusto de la intrusa, la misma en que cada uno de nosotros tenía ya guiones pre establecidos por la anfitriona de la villa donde nos quedaríamos, para no dar por entendidos que en realidad éramos unos salvajes que tomábamos un trago de alcohol al levantarnos o hacíamos cuentos de todos los colores explayando una carcajada sin pena. Al final, decidieron comprar un par de vinos con etiquetas de santidad, para hacerle honores a esta joven culta, pulcra e inmaculada. Recordé que no sería tan difícil compartir un fin de semana con alguien a quien le daba vergüenza aceptar que su cabellera no era rubia, sino castaña o que sólo yo sabía la procedencia de su novio hindú.
Ignorar da resultados y al menos a mi no me preocupaban los fantasmas de “CN” … Esa noche, luego de acomodarnos y cenar, procedimos a tomarnos un par de tragos y darle continuidad al guión para que nuestra tormentosa invitada no terminara sonrojando sus mejillas (al menos entendía que un simple NO sin explicaciones algunas, nos hubiera hecho pasar una mejor estadía) … Todos sentados afuera, tomando ron a la roca, con un clima envidiable, sin ruido alguno perturbador. Cuando a ella le sirvieron su copa de vino y probó el primer sorbo, le vi hacer una mueca quisquillosa, (como quien toma un trago de vino grillo rancio) minutos más tarde, apartó de sus manos el tinto líquido de su recipiente de vidrio, nos miró disimuladamente. Yo me paré del asiento hasta ella, tomé un vaso, algunos cubitos de hielo, serví un poco de ron y se lo ofrecí; miró a todos como si buscara la aprobación. Aceptó con cierta timidez y tomó un trago tan largo, como sediento del desierto al encontrar un oasis. Después de la segunda ronda, ella misma procedió a prepararse su trago, echando a un lado su corona y riendo sin pudor alguno. Casi justo a la media noche, cuando íbamos a dormir, nos preocupó su ausencia, la buscamos por los alrededores de la casa, nada de encontrarla, al final se nos ocurrió la idea de ir al río cercano a la casa. Ahí estaba la princesa CN, desnuda, compartiendo las frías aguas con algunos jornaleros haitianos en sus proximidades, todos mis compañeros estaban atónitos al contemplar tal escena ... yo mi naturalidad anti-sorpresa, regresé a dormir.
…Por eso, cuando miraba su rostro ayer, cerca de la estantería de licores y vinos, la imaginé comprando algunas botellas para sus andanzas nocturnas y otras de vino espumante para guardar la compostura ante el circulo de rubias como ellas; al despedirme efusivo le vi ondear con sus dedos, el rizo dorado de su cabellera involuntariamente… Al llegar a casa, recordando el acontecimiento recién contado, y volviendo a reír como loco a solas, comprendí sin duda alguna que, “las princesas si toman ron” ...























