La pasada semana coincidí en un almuerzo con una colega a quien hace poco se le murió su esposo. Por segunda vez, luego de saludarme, sus palabras hacia mí fueron hirientes, dejando escapar un poco de maldad en cada sílaba que hilarantemente pronunciaba. Puedo jurarles que no fingí la sonrisa y cariñosamente le dí un abrazo sincero como si con esto le diera luz verde para seguir ofendiéndome o poniendo mi otra mejilla para ser abofeteado.
Por un instante desconocí a mi amiga, una persona tan dulce, tan cálida y con tanto tacto andaba ahora ofendiendo a todo mundo. Los demás compañeros ya habían sido víctimas en otras ocasiones de sus palabras hirientes y en verdad todos quedaban perplejos por su comportamiento. Esa noche no dejé de pensar ni un sólo instante en todo esto y sin juzgarla, la entendí. Algunas personas a veces están enfermas del alma y desean descargar esa ira que sienten con la vida, las circunstancias, los golpes y jirones del destino y las preguntas que a diario le hacemos al altísimo cuando creemos que ha actuado injustamente según nuestro criterio, con quienes les rodean.
La muerte de su esposo la había cambiado. Toda esa rabia, impotencia la manifestaba delante de sus compañeros de trabajo. Pasa con frecuencia; algunas personas están enfermas del alma y contaminan el cariño de quienes les rodean con ese enojo, ira y rencor. Cuando más cargado de trabajo, responsabilidades, preocupaciones o me encuentro cuesta abajo, procuro tener una sonrisa y una actitud positiva delante de los míos y cuando salgo a la calle; si un compañero, amigo, vecino, colega etc. no te ha hecho nada malo; no te ha complicado el día ... por qué tienes que descargar esa ira e impotencia con ellos?
Algunas personas cuando amanecen de mal humor, dan cátedras de grosería a quien se le atraviese o con quien se le cruce en su camino. Cuando veo una persona con este tipo de comportamiento, sin juzgarlo, sin hacerme juicio erróneo, entiendo que su alma está contaminada y cuando esto pasa; nos contaminamos totalmente con nuestras palabras que son como saetas hirientes ante los demás; hasta esa mirada dulce se convierte en petrificante, el tono de las palabras, las expresiones; todo.
Cuando vivimos sin el perdón en nuestra espalda, nos contaminamos el alma. Cuando perdonas amas, cuando amas, toleras, cuando toleras, eres sincero, cuando eres sincero, eres transparente, cuando eres transparente, sonríes sin importar la desdicha; la sonrisa no es una mueca que se dibuja en tu cara, es una expresión de satisfacción que descansa en tu alma que acompaña el perdón; ese que viene cuando aceptas las cosas que Dios dispone para tì en un momento para probar nuestra Fé.
Por un instante desconocí a mi amiga, una persona tan dulce, tan cálida y con tanto tacto andaba ahora ofendiendo a todo mundo. Los demás compañeros ya habían sido víctimas en otras ocasiones de sus palabras hirientes y en verdad todos quedaban perplejos por su comportamiento. Esa noche no dejé de pensar ni un sólo instante en todo esto y sin juzgarla, la entendí. Algunas personas a veces están enfermas del alma y desean descargar esa ira que sienten con la vida, las circunstancias, los golpes y jirones del destino y las preguntas que a diario le hacemos al altísimo cuando creemos que ha actuado injustamente según nuestro criterio, con quienes les rodean.
La muerte de su esposo la había cambiado. Toda esa rabia, impotencia la manifestaba delante de sus compañeros de trabajo. Pasa con frecuencia; algunas personas están enfermas del alma y contaminan el cariño de quienes les rodean con ese enojo, ira y rencor. Cuando más cargado de trabajo, responsabilidades, preocupaciones o me encuentro cuesta abajo, procuro tener una sonrisa y una actitud positiva delante de los míos y cuando salgo a la calle; si un compañero, amigo, vecino, colega etc. no te ha hecho nada malo; no te ha complicado el día ... por qué tienes que descargar esa ira e impotencia con ellos?
Algunas personas cuando amanecen de mal humor, dan cátedras de grosería a quien se le atraviese o con quien se le cruce en su camino. Cuando veo una persona con este tipo de comportamiento, sin juzgarlo, sin hacerme juicio erróneo, entiendo que su alma está contaminada y cuando esto pasa; nos contaminamos totalmente con nuestras palabras que son como saetas hirientes ante los demás; hasta esa mirada dulce se convierte en petrificante, el tono de las palabras, las expresiones; todo.
Cuando vivimos sin el perdón en nuestra espalda, nos contaminamos el alma. Cuando perdonas amas, cuando amas, toleras, cuando toleras, eres sincero, cuando eres sincero, eres transparente, cuando eres transparente, sonríes sin importar la desdicha; la sonrisa no es una mueca que se dibuja en tu cara, es una expresión de satisfacción que descansa en tu alma que acompaña el perdón; ese que viene cuando aceptas las cosas que Dios dispone para tì en un momento para probar nuestra Fé.





















