Entré por esa puerta donde el ritmo prometía una noche única en Punta Cana, la mejor fiesta, los tragos más embriagadores y la complicidad de miradas con cuerpos bronceados debatiéndose la portada de Maxim. Esta noche no estaba en bajo perfil. Me conduje con pasos enigmáticos como Julien Hedquist. Como siempre, procuré observar el ambiente antes de probar alguna esencia etílica. Ahí estaba; el color rosa atrayendo la mirada de mis marrones ojos, idiotizando mi pensamiento, acaparando el “lead” de mi artículo; sabía que esta noche dejaría de coleccionar canciones e inmortalizaría en mí, la sonrisa más hermosa de mi recuerdo o me obligaría a ser espectador del “Prime-time” al atardecer.
“Café Ibiza” despertó el ambiente con su “Trance Energy 52” incitando el morbo caribeño de sensuales movimientos; las fragancias más exquisitas hicieron una sola posión. La esencia del agave había comenzado a desinhibir las palabras en la sensualidad de unos labios que observaba en primer plano. La magia de dos centímetros crearían un hecatombe si los tragos, la música y otro centímetro más al lado de Helena de Troya, hubieran postergado la fiesta. Preferí mantener mi sobriedad. Bien sabía que si daba riendas suelta a mi locura, de seguro desfilaría por el pasillo de “Juan el Bautista” y mi cabeza adornaría la pared de algún coleccionista o ella sin duda alguna representaría la Emperatriz Josefina sin piedad ante la guillotina; la acción más heroica de la noche era tomar mi chaqueta mientras depositaba sin ímpetus alguno el cristal de mi bebida en el borde del bar marchándome solo ante la mirada de palabras disfrazadas con una leve sonrisa, supe que al día siguiente me convertiría de nuevo en leyenda urbana … Quizás no !!!


