Esta mañana, tirando a la basura todas las revistas del mes pasado, me encontré una tarjeta postal que me había regalado mi profesora de primaria; ahí estaba con el paso de los años casi intacta y tocando la melodía de Paul Muriat “Love Is Blue” … volvía hoy de nuevo a recordar una escena que me había dejado la necia lección de no aprender a perder cuando hay razones justificadas dentro de ese entendimiento lógico que usamos los humanos para justificar lo que “creemos” es nuestro por capricho o justicia. Había terminado el cuarto de primaria con todas mis notas en “A”, sin duda alguna el mejor estudiante de promoción y de toda la escuela. El día final asistí con mis padres a buscar la “nota escolar” con mucho júbilo. Al entrar, me dieron un número para concursar con algunos de mis compañeros. Eramos 4 estudiantes y se rifarían 3 libros, así como lo leen, no 4 … ni 1 “TRES” Ja! Vaya sorpresa, todos resultaron ser ganadores menos yo. Imagínense como puede sentirse un niño de 9 años ante una situación desconcertante.
Al cabo de dos semanas, mi madre me compró 3 libros para que olvidara el incidente y dentro de esa negación infantil, no lograba comprender por qué demonios si fui el mejor estudiante, debía ponerse a competir conmigo a los de menores calificaciones o mejor aún, por qué no se habían rifado la misma cantidad de libros como concursantes hubieran??? . Al inicio del año escolar venidero, esa maestra, me esperó muy sonriente con un libro, lo tomé dándole las gracias y sentí que me lo había otorgado por “lástima” . Les soy honesto? Nunca, pero nunca leí ese libro cuya portada hacía reticencia a cuentos de dragones y tierras lejanas. No recuerdo si quiera el título de este liviano ejemplar, lo coloqué en mi tramo del estante compartido con mis hermanos, pero jamás ojeé ese libro.
Cerrando la tarjeta e insultando a Muriat por etiquetar el “amor” con un color karmico, comprendí que no aceptaba “perder” fácilmente. Acaso las mejores decisiones y algunos sentimientos eran tirados en una tómbola para elegir nuestra suerte y tocar una fanfarria cuando terminábamos perdiendo sin oportunidad de hacer nada en la vida? … O peor aún, "Perder en realidad es cuestión de método"? … Que alguien me lo explique!

