lunes, 15 de octubre de 2007

Vivir









Abrazo hoy la vida que puedo hacerlo y tengo tiempo. Soy extremista, soy conciente, soy sensato.

Extremista en saber que la felicidad es todo lo contrario a la tristeza y que para sentirte feliz alguna vez has tenido que llorar muchas veces con lágrimas que no derramas con los ojos, sino con el corazón.

Alzo mis manos al cielo, no en busca de respuestas ni de plegarias, las alzo para dar gracias por todas las cosas que puedo recibir de la vida a diario, poder amar, poder vivir, reir, poder tolerar y vivir cada día con sus altas y bajas.

Quizás no me moje bajo la lluvia, más me deleito mirando como cada árbol se regocija con su caída. Vivo el presente no como el último día. Siempre apuesto a nuevos amaneceres, a jornadas bajo un cálido sol, a regresar a casa cansado, pero siempre en pié, salvo de un mundo externo en el que vives tu propio episodio cotidiano de sobrevivencia.

Echo a un lado mi ego, doy tregua a mi espacio vital. Me recuesto en un universo paralelo de años que dejé atrás, pero que me acompañan siempre, entonces soy feliz. Hoy si me permito el lujo de pensar, de reafirmar que nada ciber, virtual y on-line puede llegar a ocupar un lugar en tu corazón, si no es realmente transparente.

Alguna vez nos hemos embarcado en un viaje incierto y depositado confianza en personas que creemos conocer, aun cuando sólo escuchamos su voz por un aparato telefónico o expresamos frívolas conversaciones…volví a pensar de nuevo en el tema de los monstruos. Recordé, que las personas transparentes totalmente, te miran siempre a los ojos, te dicen la verdad por más dolorosa que sea, nunca serían capaz de jugar contigo o con tus sentimientos, recordé alguna vez que por ser esplendido y transparente con todo el mundo, no pude distinguir entre la multitud, los verdaderos monstruos, recordé todo lo anterior escrito… eran piezas de un rompecabezas…estaba comenzando a armarlas todas.

Inmortalicé mis últimas sonrisas, las eché a un lado, no tenía tiempo de mirarme en el espejo y reprocharme nada, mi silencio era exclusividad de mis labios, también de mi alma. Recordé, que olvidar es una manera de fortalecer las neuronas que te quedan y de poder seguir en calma mirando atardeceres. Recordé que cuando NO te igualas a los insensatos, ganas la guerra.

Recordé que olvidar, también es VIVIR!!!

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