lunes, 26 de noviembre de 2007

INFIDELITY

Vi llegar su cuerpo despacio y silencioso cual hoja en otoño. Mis ojos se deleitaron al presenciar su silueta en la oscuridad de la noche. Todo estaba en calma; más quietud no podía haber.
Los relojes tímidamente marcaban los segundos con pasos diminutos.
El ambiente respiraba romance y mis sentidos despertaron como alarma de medianoche.

Vino hacia mí despacio, muy despacio y sus labios no pronunciaron palabra alguna; sentí el olor de su cuerpo en cada una de mis neuronas y entré en ese éxtasis en el que me deleito cuando cada curva de su cuerpo huele mucho más que perfume celestial.

Eché a un lado mis metáforas y extendí mis brazos para perderme en ese abrazo romántico de madrugada.
Únicamente se escuchaba nuestra respiración con jadeos entrecortados y algunas palabras que susurraba al oído.

Desde ese instante supe que mis días eran largos y mis noches cortas. Preferiría estar alucinado bajo el sol de cada mañana con el sabor de tus besos; regocijarme al llegar la tarde, ser cómplice de la penumbra para validar la espera de los minutos de un reloj sin manecillas, sin horas ni segundos.

Aun no despierto de tu embriaguez, aun mis manos recuerdan la suavidad de tu cuerpo, de la fusión de nuestro aliento y de ese placer que recorre mi cuerpo cada vez que te amo.

Hoy te espero y no se si vendarás. Hoy miro tras el algodón de mis sábanas frías. Apuesto mi vida por verte venir en la oscuridad de nuevo, por mirarte con ese tono monocromático que vislumbro tras la cortina de mis pestañas.

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