sábado, 8 de diciembre de 2007

FRENTE A UNA TUMBA: PREGUNTAS SIN RESPUESTAS!!!

Sin pensarlo dos veces, en una de mis visitas a casa de mi madre, hice una parada en la tumba de mi padre. Tenía tantas preguntas y sabia que las respuestas serían inciertas pues se encontraban encerradas en una lápida blanco colonial, flores marchitas y la insignia de su nombre legible incrustada en cemento gris.

Recordé la convivencia de mi vida y todo el afán que envuelve la relación padre-hijo. Me sentía un poco melancólico y lloré por las cosas que pude haber dicho o hacer y que su muerte repentina y mi dejado tacto adolescente se resistió a expresar.

Por igual formulé las preguntas al aire y supe que había librado mi ser de esa angustia que sientes cuando extrañas deliberadamente a alguien tanto que duele; seguí mi tours por las tumbas de mis abuelos maternos y me detuve en el sepulcro de mi abuela mientras caía el sol del medio día en mi espalda.

Trasladé mi recuerdo a mi infancia extrema…pensé en mi abuela querida y en sus abrazos, su trato sin igual y esa ternura que profesaba a cada uno y nos hacia sentir especial…recordaba la manera en que nos brindaba el café a cada uno, en sus tazas con platitos y nos protegía de los castigos de nuestros padres. Me sentí tan bien transportando mis neuronas a un viaje sin regreso y que está latente en nuestras vidas y estará por generaciones.

…volvía de regreso a casa y me propuse no dejar que la vida me golpeara dos veces con la misma roca. Ese día, le expresé mi amor infinito a mi madre y le hice saber que si es cierto que existen otras vidas, me gustaría tenerla de nuevo como madre.

Hoy, no espero que sea su cumpleaños ni día de las madres para regalarle flores o agasajarla; le expreso que es mucho mejor depositarla en sus manos y verla feliz con estas en la casa que en una tumba.

Tenia como 12 años cuando murió mi abuelo paterno, en vida, creo haberle visto sólo una vez y suplicaba a mi padre para que me enviara de fin de semana a verle, a compartir con él…nunca se podía, nunca se pudo; el hecho es que cuando murió, mi extremismo se manifestó y no quise asistir a su funeral ni a los rezos finales; todos fueron menos yo. A quien iba a ver? A un cadáver en un ataúd gris? …lo recuerdo y se que mi abuelo no está enojado por ello, pues las cosas hermosas de la vida se comparten con las personas, la familia y los seres que amamos en existencia.

Por qué hay que esperar que alguien que amamos, un amigo, etc. esté al borde de la muerte para decirle que es importante para nosotros, pedir perdón por un error o empezar a darnos cuenta que amamos esa persona y que es importante en nuestro entorno?

Será que la complejidad de los mortales nos impide en muchos casos expresar afecto?...los seres que amamos (familiares, amigos, compañeros de trabajo, de estudio, etc.) muchas veces lo saben, pero nunca está de más reforzar ese cariño.

Comienza hoy por decirle a los tuyos cuanto les quieres y dale una razón creíble. No hay nada que haga sentir a un padre o a una madre como super héroe que le digas: “Te amo por ser la mejor madre, o el mejor padre” o decirle a un amigo: “me siento muy bien con tu amistad, me alegra tenerte como amigo(a)” ..Pero hazlo de corazón, con sinceridad, por que así lo sientas.

1 comentario:

Pensando en dijo...

Mientras leia el post me vino al recuerdo mi padre. Creo que a las personas hay que valorarla en vida, estoy de acuerdo con vos.


besos