Ayer no me parecieron morbosas las fuentes de chocolate que durante todo el día veía caer su cobertura con varias cascadas o cuando una fresa era empalada para tener una dulce muerte. Desde muy temprana hora del día había ingerido dulce por montones, también de almuerzo y algo en la merienda, en la noche no podía ver un dulce más. Pensé que tendría un día fuera de lo común y así fue. Al final nos reunimos parte del equipo y determinamos que el grado de error no llegó a un 3% en el desarrollo de nuestro penúltimo evento del año.Había tenido a mi cargo más de 100 personas a las cuales debía supervisar y facilitar las herramientas para que la logística ideada fuera desarrollada a cabalidad. Hoy por segunda vez en el año me ponía corbata y no entré en negación, aunque al final terminé con ella a media asta en el centro de mi pecho y con las mangas de la camisa en mi antebrazo, arrugadas, esta vez sin estrés. Cansado, pero con la satisfacción de saber que todo había salido bien, salí del lugar dejando atrás la escultura de Botero que danzaba de espalda al mar. Al llegar a mi casa, luego de hacer honores culinarios, decidí empacar equipaje para alejarme unos días del bullicio, del timbre de un teléfono ruidoso, alarmas y madrugar; Jarabacoa esperaba por mí, por explorar el sendero reforestado de días verdes y clima envidiable. Ya lo saben, si me necesitan, toquen la puerta del vecino, pues no estoy disponible, jajajajajaja! … nos vemos al rato!








