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jueves, 5 de marzo de 2009

"Crimen" !!!

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Las 5 de la mañana llegaron desvaneciendo su silueta como los matices del rojo amanecer en las riveras del beso entre el astro diurno y Neptuno. Sus pasos flotaron por el cerrojo de la puerta con manubrio cobrizo y esencia de madera andaluz. El baladí lunar de su pantorrilla palideció estrechando el ábaco de las caricias singulares. Erguió la mirada, su negra cabellera palideció y sonrojaron las ganas de morir entre la claridad del día sin marcharse escurridizamente antes de que la ciudad fuera asesinada por el ruido de los madrugadores, panaderos y ejecutivos con cuentas bancarias y ensalada de pepino.

Hizo un gesto compasivo arqueando las cejas disfrazadas de lujuria colgada en el perchero sin prenda antojadiza. El refugio a simple vista se convirtió en ábside de palabras que enmudecían. Una mezcla de altruismo, melancolía y desvelo de deslizó por el frío piso; los grillos cantores desafinaban por el embrujo de la noche sin traje de gabardina. "El silencio ruidoso olía a pasto y almizcle". Un bostezo imaginario acaparó el aliento suspendido; la vieja vitrola estrenó corcheas con moho, barniz de castillo y el capricho atrevido de una muerte anunciada; la ciudad estaba a punto de perecer.

El borde del vestido de princesa permanecía en el frívolo sofá; el sendero de los besos aguados del mar muerto destilaban gotas arcaicas, era imposible dejar de escuchar esa música que embargaba el lugar desolado, calmado, lúgubre, raso … Descansó sus Pilates en la vieja alfombra; caminó desnudo sin olvidar nada, la traición de sueños sin antojo volvían a su lugar. La vitrola detuvo su trovar. Las caricias prometidas escapaban del cuaderno polvoriento; podía sentir la suavidad de su piel, su barbilla compartida, perderse infinitamente besando la exquisitez de su pecho, apretando su mano fuertemente y "el vapor de sus cabellos en el desliz de su nariz".

Sus pasos se desplomaron, su fuerza caviló. Un extraño le acompañaba, restregó sus ojos achicados por el efecto invernadero que hacía más cálido el lugar, el espejo lucía empañado, polvoriento como el "cuaderno atrevido con poemas deliciosos", volteó despacio la mirada, nadie estaba tras su espalda, la luz tenue daltónica movía la silueta semi encorvada. Su manía desnuda avanzaron claramente hacia el reflejo verdadero lejos de pesadilla atrapada en dársena. Pasó sus manos ligeramente por su cara, surcos atrapó en sus "acirueladas manos"; reconoció su perfil, sus mismos ojos café, su cabello blanco algodón; dibujó una sonrisa para regresar a la quietud de su entorno, quizá a un viejo banco de madera donde el silencio no era imaginario, la ciudad confusa desaparecía sin detectives en los recuerdos del alma.

domingo, 1 de marzo de 2009

"Despedida" !!!

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Sus manitas resbalaron de la negra piel de su padre con un llanto arrebatador; la quimera de sentirse acurrucada terminó con un frío adiós. Su manantial interior de sal cristalina explotó por la cortina de sus pestañas negras azabache; él hizo un gesto cerúleo “disparatoso” que reverberó por el cristal despiadado y cruel que separaba la última mirada entre los dos.

A ella le vi afligirse mientras almorzábamos juntos teniendo el mar tan cerca que las olas salpicaban la espalda de la despedida perentoria de su vástago amado; él fingía estar constipado ante la penumbra que apagaba su delirante humor, su encanto sin igual. De nuevo ese ruin cristal robaba la esperanza de mirar los pasos tristes de abrazos fuertes que habían sido renovados con la decisión de acelerar el reloj y sentirse en casa otra vez. Su llanto interno se quebró como vidrio fino al caer al pavimento; sus ojos enrojecieron y una sóla lágrima del alma lloró. Ella vistió de ébano sus manos inconformes y sollozó por 7 días; sentía que el aliento le abandonaba el cuerpo y olvidaba que era madre de 3 hijos más; pero la inconformidad se mantuvo hasta que se arrodilló ante el creador implorando que limpiara el interior de su acerba aflicción.

Ellos enmudecieron durante el trayecto en que despedirían sin fecha a su madre. Yo les acompañaba; de nuevo la “Ruta 66” cobraba otra víctima. Miraba sus rostros lánguidos como si la cera que cubría la tristeza de su antifaz, resbalaba del rostro adolescente de cada uno de ellos. Debía ser fuerte, bien sabía que al marcharse el pájaro de metal y encumbrarse en los copos de nubes soleados, dejaría secuela de frío, suspiros y promesas. Ella renunció por un instante dar el último paso antes de perderse y despojarse de sus alhajas; regresó … lloró una y otra vez sin alivio; el surco despiadado de sus mejillas hacían juego con su negra y lacia cabellera que volvían sin voltear, malgastándose entre historias tristes con violines desafinados que eran devoradas por el alto parlante de los vuelos con destinos amargos.

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