martes, 23 de marzo de 2010

ADN: Rastro de un exquisito cadáver…


Alguna vez creyó que los muertos no podían hablar.
Volvían a convergir sobre la misma azarosa y cálida acera cruzando sus miradas al compás de los transeúntes que esparcían susurros y deambulaban como fantasmas al tácito recuerdo de carcajadas del día anterior. Conocía la historia completa de un fantasma que había perdido su corona, deambulando con nostalgia y buscando de cuerpo en cuerpo la comprensión de un miedo ineludible.
No era un día para compartir la brisa pasajera ni preámbulo descarado, tal vez tiempo de convertirse en espía de sus propios pasos … debía jugarse la última carta, bajar al oscuro placer que corrompía su esternón, sin ron añejo ni perfume tras las orejas. Ahora, de una manera inusual, daba una lección al despiadado verdugo de la incomprensión humana donde lo cóncavo y convexo no armonizaban. Una cita? Un después? Una promesa? Nada … Qué había sido tan especial en su pasado? Encontraría la respuesta ante preguntas inciertas de un oráculo sin voz? Tan simple como marcar un número telefónico de diez dígitos sin mucho pesar o súplica innecesaria, esta vez, su mesa no esperaría a enfriar la cena … La tentación había mordido la manzana y desatado la lujuria por sus alrededores, más grande que las ganas de rozar cada trozo de su piel como la brisa mueve a su antojo las hojas de las acacias en primavera.
Su cuerpo desnudo abandonó el pudor, sus manos recorrieron los senderos que perdían mesura y desataban quejidos delirantes sin nombre profético, sin miradas absortas ante un descarado aliento de sangría y pastel de chocolate. Qué podía perder? Alguna apuesta por ganar ante la vida? Una batalla pendiente? Un acertijo por descifrar? Probablemente … esta vez, ambos compartían la misma cama, siendo dos extraños a quienes solo los unía la misma J en sus iniciales y un nombre olvidado que había perecido ante sus recuerdos tormentosos depositados en la misma mesita de noche de sus pesadillas. La noche trajo un nuevo perfume y el destello de un placer inusual corrompido por la sed de un deseo fiel de tirar por el piso la cobardía bastarda de un otoño olvidado un noviembre con fecha al azar. Cuando la calma volvió, el cadáver preguntó su nombre, sin mesura, con una sonrisa, sin altruismo ni candor … No lo recuerdo, probablemente seas el eslabón perdido entre mi nueva temporada y el pago solemne a mi dignidad, comentó en voz baja, hablándose a si mismo … Volteó dando un beso sicario al trigueño cuerpo que postrado en el tálamo deseaba saber más de su amante nocturno … haló la puerta marchándose en silencio, sin decir su nombre, sin oportunidad para un después o cometer la misma osadía una noche sin estrellas marchitas … dejó escapar una leve carcajada saboreando el dulce néctar de la venganza…


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4 comentarios:

Anónimo dijo...

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saqysay dijo...

Guaooo!!

Es perfecto,yo quiero un fantasma prohibido - mágico - travieso. Ja!, no pido nada. Me gustó eso de:Una cita? Un después? Una promesa? . Siempre son asociadas con eso[promesas].

Excelente texto,necesitaba comenzar el día, leyendo algo así.

Te abraza, Sandra!

Karol_a dijo...

Muy ameno tu relato, me usta la forma de narrar, vas ñadiéndole interés y engancha, tus finales son geniales.
Un abrazo, escribidor.

Charlie. dijo...

hola !

si los muertos hablan, a veces no tienen voces pero hablan... (?)
genial tu relato, me tenía ahi leyendo sin pestanear

un beso
:)