martes, 20 de abril de 2010

Diario de una mujer de pies descalzos y un negrito come coco …


Los divisé caminando bajo el sol indecente a las 4:51 de la tarde un sábado contagiado del ritmo de una cadenciosa bachata con sabor a ron y sancocho. Sus manos abrazaban la azarosa esperanza que se esfumaban de sus mejillas coloradas como mimo, con sus círculos rojo calandria y no precisamente por el rubor natural de sus pisadas huérfanas sobre la carretera polvorienta. Su cabeza ostentaba múltiples alcantarillas de plástico, coloridas, cubiertas por una red de pescar que cubrían sus gigantescos adornos en su cabeza para luego soltar su melena cual ciguapa cualquiera. En el cinto un macuto tenia, ligero, moviendo el viento descarado las gangorras de su cierre, guardando en su interior algunas monedas, su virgencita de La Altagracia y algunos panes marchitos. Del otro lado, con su mano puntiaguda de uñas descascaradas con un esmalte del mes pasado, sostenía la frágil mano del negrito que sudaba su frente copiosamente mientras disfrutaba una rica golosina abultando sus cachetes rayados por algunas cicatrices producto de sus jugarretas constantes. Teñidos por el ligero ocaso y el ruido de algunos viralatas, continuaron su camino incierto; ella con pasos kilométricos, negrito hacía intentos fallidos por andar un poco más de prisa, lloriqueando por momentos, pasando con habilidad su dulce manjar de un lado a otro en su boca. Se alegraron cuando escucharon el ruido grosero de un moto-concho quien probablemente se compadeciera de ambos y los llevara a su humilde morada 14 kilómetros adentro, dejando detrás los residuos de postes de energía eléctrica y en ruina los tendederos de alambres de púas. Algunos miraban con sorpresa los pobres peregrinos, sin mucha compasión. Ella saludaba entusiasta a cuantos veía, disculpándose con los conocidos por no pasar un rato y tomar un café con los mismos sin menos prisa y mas jactancia … de seguro escucharía los halagos por su gordura y no precisamente por estar embarazada, ella entonces sonreiría dejando brillar con cierta timidez su diente de plata del siglo pasado … Y así, juntos, arrastrando sus chancletas bajo el camino que perdía su forma, se alejaron bajo la polvareda muriendo la tarde, floreciendo la vida bajo un vientre de pies descalzos …

6 comentarios:

Francisca dijo...

Te invito a visitar mi nuevo blog de ilustraciones y textos breves http://mandamientosdementira.blogspot.com/
Saludos!
Fran

Jax dijo...

Me gusta la forma sublime con que tratas la cotidianidad oscura, hace que sea mas interesante y con palabras pones belleza en lo feo y hasta burdo...

Migueloski dijo...

Es bueno enfocarse en ese tema...buena entrada Valentin!

Charlie. dijo...

que linndo valentinnn!
sabes,
creo q te sientan muy bien este tipo de relatos.. en realidad podes hacer lo que quieras! me encanta como escribis ! siempre ! el estilo q sea !

un beso!

.

Sherezada dijo...

hola!
en mi opinion de las mejores entradas que has publicado... resaltaste hermosura en la simpleza de sus vidas...
muy bueno!
saludos!

Denisse Tercero Cano dijo...

Me haz hecho recordar las playas... Las playas con nombre extranjero de mi querida Honduras.
Las chancletas gastandas de los que van sin bicicleta... Me encantó tu entrada!!!