domingo, 12 de diciembre de 2010

Juventud eterna ...


Sintió como el olor a oxido y mugre invadía su garganta; el corazón parecía estallar conteniendo la respiración agitada que galopaba en su pecho como ejercito de corceles en la arena. Parecía la repetición instantánea de una pesadilla noche tras noche. Su cuerpo desnudo cayó en un trance, flotando por un laberinto oscuro sin poder mover un solo músculo. El aliento comenzó a faltarle y vio pasar su vida despacio, lenta, como un acertijo, como si cada escena era parte de un rompecabezas mental  que debía armar. Observó su cruel infancia absorta, refugiada en la danza hipócrita  de color rosa y tortura psicológica con ningún cariño, también el día que empacó sus pesares para emprender una vida nueva fuera de casa, lejos del mundo hasta tocar la puerta de una mansión solitaria donde una señora de edad avanzada le recibió tras contactar su anuncio en el periódico, ofertando alojamiento a joven solitaria, sin familia. La escena se hizo más lenta, como si el tiempo se congelara, mostrando cada detalle: Su delicada mano tocaba por tercera vez el timbre enmohecido de esa casa en las afueras de la ciudad mientras acariciaba con nerviosismo los pétalos de un girasol en su otra mano. La brisa fría hizo ondear su lacia cabellera estremeciendo su ser, un gran presagio le invadió de pies a cabeza incitándole retroceder sus pasos y marcharse, en ese justo momento apareció una anciana de baja estatura, con ojos vivarachos y un pañuelo negro que cubría su pelo. Adelante, adelante! Dijo la anciana con cierta pausa y gran júbilo. El viento sopló más fuerte sin dejarle otra opción que entrar a la casa con sus maletas en mano mientras la torpe señora cerraba la puerta; afuera comenzaba a oscurecer. La guiaré hasta su habitación, debe descansar! Acompáñeme por favor, dijo la extraña mujer caminando por un lúgubre pasillo de poca luz. No hubo presentación alguna ni contrato. La anciana abandonó la habitación deseándole buenas noches, no sin antes decirle que podía sentirse como en su casa. Una última cosa: en este hogar está prohibido encender la luz por las noches después que se apagan. Desempacó su equipaje y luego se fue a la cama, estaba tan cansada que apenas podía percibir la sirena de una patrulla policial rondando por la abandonada calle; no escuchó el murmullo de madrugada ni las voces que tras las paredes susurraban, despertó agotada, sedienta, con hambre a media mañana. Caminó por el estrecho pasillo sintiendo que alguien le observaba, volteó y vio tras de si la cabeza embalsamada de un alce en la pared, caminó un poco más de prisa hasta llegar a la cocina donde una señora con un aspecto de 10 años más joven sonreía, lo único que pudo recordar de ella a primera vista fue la pañoleta negra en su cabeza. Te veo algo cansada, por qué no tomas un poco de este té que tomo todos los días para reponer energía y descansar? Preguntó la señora ofreciendo una taza de porcelana vieja, con una insignia debajo con fecha de 1854. Tomó la dulce bebida y apenas desayunó refugiándose en su habitación para descansar. El viejo girasol en su mesita de noche comenzó a esparcir sus pétalos por la habitación. Recordó donde lo había cortado, a unos escasos kilómetros del pueblo donde había muchos carteles con fotos de adolescentes probablemente desaparecidas… Por qué sus sueños le atormentaban tanto? Por qué todas las noches experimentaba la misma sensación inhóspita que la dejaba sin fuerzas al día siguiente, cansada, pálida y moribunda?. Una mañana al levantarse, tuvo la sensación de ver danzar a la anciana en la sala, quizás era producto de su imaginación, la miraba más joven, resplandeciente, llena de vitalidad, no era así como le había visto al llegar ese día, dónde estaban las arrugas de su cara?, dónde estaban las telangiectasias de su rostro? A veces le parecía escuchar alguien tocar la puerta preguntando por personas desaparecidas… tal vez lo imaginaba, pero el sueño de la cada noche le sumergía en ese umbral donde ya no podía distinguir los sueños de la realidad, las pocas fuerzas en su ser apenas alzaban una plegaria perdiendo la noción del tiempo y olfato, no era capaz de recordar su nombre, tampoco los distintos rostros que adquiría la anciana que rejuvenecía al pasar los días … estiró sus pesadas piernas hasta tocar el frío piso de madera caminando despacio por el corredor, esta vez se condujo hasta la sala donde miró una hermosa joven de piel radiante mirarse en el espejo, se acercó despacio, muy lento, deseaba contemplar su apariencia tras meses sin ver su reflejo … pasó sus debiluchas manos por su cara arrugada, no podía creerlo. Por que rayos ocultaba su pelo debajo de una negra bufanda? Qué había pasado con su hermoso cuerpo, rostro y sonrisa? … Miró a la joven en busca de una respuesta certera. Ella le miró con los mismos ojos vivarachos le dijo con una dulce voz: La guiaré hasta su habitación, debe descansar! Acompáñeme por favor… Ambas, desaparecieron  despacio por el estrecho pasillo mientras se apagaban todas las luces en la casa...

4 comentarios:

Loren dijo...

Joder¡¡¡¡¡ solo te puedo decir que has conseguido meterme en el papel, sentirlo. Ufff me veo en el pasillo...

Un abrazo. CAJON DE VIDA

CARMEN dijo...

COMO TODOS TUS ESCRITOS, ESPECTACULARES

!!!!!FELIZ NAVIDAD!!!

Anónimo dijo...

Como novato, siempre estoy buscando en línea para los artículos que me puede ayudar. Gracias Wow! ¡Gracias! Siempre quise escribir en mi sitio algo así. ¿Puedo tomar parte de tu post en mi blog?

Anónimo dijo...

Thanks for the helpful post! I would not have gotten this otherwise!