“LM” nunca imaginó que la frase despectiva e insultante utilizada por su hija de 10 años para agredir verbalmente a su amiguita en el colegio, causaría tanto revuelo. “No quiero jugar contigo, tu eres gorda y fea” habían sido las palabras hacia la pequeña, quien duró dos semanas sin deseos de regresar al recinto escolar estando la ultima semana en manos de psicólogos para ayudarla a entender que las palabras pronunciadas por su compañera de clases no eran ciertas. “No le hieras ni lastimes el alma de las personas” le dijo “LM” a su pequeña mientras lloraba sin lograr entender el sentimiento confuso que abrazaba a su hija envolviéndola con la crueldad característica de quienes presentan indicios de ser futuros villanos si no cambian su manera de actuar, su forma de maltratar a quienes rodean su entorno.
Un simple “lo siento” o perdóname no era suficiente para la niña agraviada, quien sin guardar resentimiento entendió que su fiel amiga, compañera de clases y con quien compartía merienda en el receso, tenía una percepción muy abismal y marcada con un extremismo malvado en sus palabras hirientes. La disciplina incluye un régimen en algunos casos severos; particularmente se y estoy seguro que hay pequeños malvados aún teniendo pocos años de vida y ocasionalmente algunos padres suelen aplaudir expresiones de sus vástagos con manifestaciones de rencor, groserías y falta de respeto hacia sus amiguitos, vecinos, compañeros de clases, maestros y adultos. Un hecho muy doloroso en la etapa infantil, es como la marca pronunciada de una herida o quemadura en tu piel, crece contigo como si te acordara cada vez que miraras la cicatriz el recuerdo de un suceso que probablemente no desearías recordar; lo mismo pasa con las personas arrogantes, malvadas, crueles y despiadadas que esparcen su veneno con palabras hirientes sobre sus seres amados. Pero, quien es tan benevolente para ofrecer su otra mejilla y sentir otra bofetada sin al menos levantar el rostro? Es cierto que cuando amamos perdonamos, pero dentro de ese perdón, quedan residuos en lo profundo del alma cuando el exceso ha calado muy profundo, cuando una lágrima indebida o la angustia ha consumido la esperanza, alegría y optimismo gradual de tu ritmo cotidiano.
La palabra perdón, la más anhelada, la que encabeza el top de las cinco expresiones más difíciles de pronunciar dentro del lenguaje de la raza humana nos lleva a pensar (al menos a mi) cuan fácil es desahogar el torrente iracundo de nuestro ser sin contemplar el resultado por el simple hecho de callar o sentarnos un momento a reflexionar y cerciorarnos del daño que producimos sentimentalmente a una persona cuando hacemos despliegue de improperios fortaleciendo el ego avasallador del monstruo que a veces, o siempre, nos convierte en villanos de tiempo completo …







