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jueves, 6 de agosto de 2009

"Crash" ...

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Otra promesa de amor que caía al piso, que rompía las pocas ganas de creer en el matrimonio en mí. Ahí estaba yo, con asiento en primera fila con mi chacabana crema probablemente haciendo juego con la quinta planta del pastel de bodas en el casamiento de mi amigo “JR”. Volví a sentir un poco de vértigo ante la falsedad de invitados con exceso de chanel y presunción corrompida. Volví a recordar cada instante al escuchar su desanimada voz por teléfono luego de unos meses sin tener contacto con el, ignoraba su situación sentimental preguntándole con mucho entusiasmo por su esposa, la mujer que había jurado amar "hasta que la muerte los separe", la misma que en tan sólo 8 meses de noviazgo llevó al altar vestida de blanco con flores importadas de Ecuador, la misma que tres años después comparecía frente a otro juez para deshacer la firma. Un nudo en la garganta invadió mis palabras, como si la misma expresión hubiera ido a parar al portal cruel de la pasión apresurada de dos amantes insensatos. Si sólo el 17% de los matrimonios que arriban al altar tienen garantía de permanencia, cuales son esas reglas no escritas que si funcionan? Una firma en un papel avala un verdadero matrimonio o es acaso la condena para algunos de días tormentosos con antesala de mentiras disfrazadas con maniobras habilidosas?

Cuánto tiempo se necesita para conocer una persona? Cuánto tiempo se necesita para determinar la afinidad de compenetración en un matrimonio? Existen las parejas ideales o es una utopía esta teoría? Este siglo nos empuja a caminar con pasos apresurados ante la demanda de una sociedad absurda que antepone patrones con edades establecidas para que cada persona llegue a sentirse realizado según una convicción descabellada, ilógica e irracional, donde parece que los sentimientos están en ultimo lugar en la escala de valores. Vamos en la vida siendo cada vez más despiadados, empujados a convertirnos en un futuro no muy lejanos en extremistas universales?

Cada vez más vemos frente a nuestras narices derrumbarse matrimonios de parejas que tenían años de casados, parejas con hijos e intereses en común y de la noche a la mañana, disuelven todo, separan sus vidas y comenzarán de cero otra relación; esta no es la peor parte; lo más difícil, es el proceso de negociación, de entendimiento, de acoplamiento y de establecer un punto medio en el matrimonio. Nadie está dispuesto a negociar sus cosas a cambio de un amor, a menos que el mismo sea transparente, sin egoismo y que las cláusulas no establecidas por un disparatoso juez, tengan más relevancia que la separación de bienes y custodia de hijos al divorciarse. La superación femenina y la incorporación a tiempo completo de la misma fuera de casa y la cocina, produjo una baja sustancial al machismo a punto tal que muchas mujeres, están a la par en grandes puestos ejecutivos junto a nosotros, ya no es el típico caso en que se abordaba un matrimonio trillado y los intereses de pareja, respondían a un lado solamente. Quién está dispuesto a renunciar a cierta libertad para dejar de ver "sus cosas" en "nuestras cosas"? Es el divorcio la salida tangible a los problemas? El límite de tolerancia del siglo, acortó sus días o simplemente el matrimonio no es la gran cosa para importar un bledo al separarse?

Ya nadie se escandaliza ante un divorcio, al menos a mi me escandalizaría más, ver que alguien soportara penurias frente a una persona que diariamente asfixia las neuronas pensantes y felices de nuestro cerebro, convirtiéndonos en personas desalmadas. Cuando una boda es muy pomposa, el divorcio suele ser escandaloso. Una ojeadita a las revistas banales nos salpican siempre con dosis de rupturas de famosos, artistas y políticos del mundo. Debemos recordar la benevolencia del siglo, la misma que sin importar lo vulnerable ante ciertas situaciones emocionales, nos ofrece la garantía de no complicarnos la existencia y ser optimistas sin importar que los divorcios se multipliquen cada día. Terminando la conversación con “JR”, sustenté muchas respuestas a mis interrogantes y nada cambiaría mi punto de vista ante el matrimonio.


martes, 4 de agosto de 2009

Batallando contra un fantasma

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Ahí estaba mi amiga “AT” convirtiéndose en estatua de cera, en escultura de hielo en pleno invierno, en réplica fiel de monalisa al encontrarse en el momento menos oportuno con su ex novio. Me contaba el encuentro inusual en que perdió la noción del tiempo, las palabras, emociones o respuesta a un simple saludo se derrocharon en el caos de un estado transitorio, un estado donde sus neuronas se negaron danzar la coreografía a los mandatos enviado a cada órgano sensitivo de su ser como respuesta al desamor, o al propósito de olvidarlo todo definitivamente. Miraba la expresión de sus cejas como olas en alta mar ante el zigzag de una frágil embarcación. Pero… Nos gana el deseo de quedarnos atrapados en un circulo vicioso de recuerdos tormentosos? Este proceso de negación, es sinónimo de que aún amamos esa persona o sus cosas las tenemos a cuesta con nosotros? Qué tiempo se necesita para olvidar, o al menos para estar preparados y comenzar de nuevo otra relación? La lógica le gana a la razón cuando cerramos las puertas al entendimiento?

Cada ser humano responde de una manera individualizada ante los conflictos o relaciones sentimentales dependiendo la magnitud, el tiempo, la persona y la compenetración que haya tenido con su anterior relación. Los pequeños detalles son dueños del mundo, nos enamoran, hacen la vida compleja y en su defecto, terminan poniendo cuesta abajo los hilos en que cuelgan cada una de tus emociones, volviéndote frágil ante una ruptura sentimental. Quién escribió las reglas de garantía? Las cláusulas de convivencia y relaciones, incluyen prescripciones sin olvido? Un recuerdo constante luego de un rompimiento de pareja, se convierte en un fantasma que nos visita antojadizamente? Ese fantasma llega justo cuando menos te lo imaginas, hace cimientos en tu vida poniendo una barrera que te impide pasar las fronteras del entendimiento, las fuerzas o ganas de restablecer amorosamente tu vida y en el peor de los casos, hacerte sumergir en un mar de tristeza. Pero, cuál es la manera correcta de batallar con ese fantasma? Volví a mirar de nuevo el rostro de “AT” mientras daba la espalda con un aire de indiferencia, todas las afirmaciones ante su manera de actuar o pensar con tal de no regresar a los recuerdos con su ex, cayeron al piso en sólo segundos, los mismos que invadieron su espina dorsal de un frío voraz de pies a cabeza impidiéndole poner en marcha sus planes indiferentes, o ser radical como lo había hecho al romper todos los recuerdos físicos plasmados con tinta, aroma y la incrustación de las huellas digitales de caricias moribundas en su cuerpo que aún recordaba.

Un fantasma no es la silueta etérea que se diluye en los alrededores de tu closet, atraviesa las paredes o llega justo en las noches, pero si es el tormentoso recuerdo que abraza tus miedos, oprime tus pensamientos y están presente como un maleficio en el recoveco plácido cotidiano cada vez que intentas optimistamente rehacer tu vida, conocer otra persona o decir adiós a la maleta eterna de recuerdos que tenemos con nosotros. Un día simplemente nos levantamos, decidimos abrir el baúl de los recuerdos y nos damos cuenta que únicamente contiene los residuos polvorientos de alguien a quien hemos desperdiciado neuronas y emociones, privándonos de ser felices al lado de alguien que pueda amar con el mismo grado o mayor ante las expectativas fantasmagóricas de nuestra terquedad. Si no decides darte la oportunidad de volver a comenzar de cero, sin comparaciones, sin patrones de medidas cuando estás en el proceso de compartir cotidianidades, estarás en cifras rojas, alimentando el monstruo que en tu mente te impide ser feliz. Qué pasa cuando la amargura le gana al optimismo? Acaso no existen personas que rompen los patrones, demostrándote con acciones extraordinarias y detalles, que pueden devolverte la confianza y las ganas de volver amar nuevamente?

Justo cuando experimentas una situación similar a la de “AT”, o tus paradigmas han sido destruidos con un axioma ineludible o tienes que ponerte literalmente en los zapatos de alguien, comprendes que los fantasmas existen, existirán y son del tamaño en que desees, ese espectro comienza a desaparecer justo el día que insistes atraparlo con mayor fuerza, como cuando sostienes con firmeza un puño de arena en tus manos, comenzando a escaparse la misma por las rendijas de tus dedos e involuntariamente te quedas sin remordimientos, sin secuelas, sin temores y das la bienvenida a la esperanza, sepultando cruelmente con los residuos de esa migaja de arena, tu fantasma al desierto insólito de tus recuerdos, donde ya nunca más podrá atormentarte.

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