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lunes, 10 de agosto de 2009

Los Pandas Comen Bambú y los sureños guasabaras ...

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Fuera de nuestro entorno cotidiano hay una “psicología social” un conglomerado social al cual no pertenecemos por más roce que tengamos por los gajes del oficio, lo he puesto en manifiesto muchas veces y el fin de semana pasado lo comprobé con toda certeza. Es cierto que los seres humanos tenemos una capacidad extraordinaria para adaptarnos a lugares, situaciones y circunstancias, más las mismas nos hacen colapsar cuando nos llevan al extremo; cuando nos sacan de nuestro ambiente, como es normal, necesitamos un tiempo prudente para acoplarnos y tener la suficiente confianza para sociabilizar, para sentirnos cómodos. La convivencia habitual nos impulsa a compenetrarnos con diferentes grupos de personas y estratos sociales sin importar que sean de nuestra estirpe o no. Me parece escuchar la voz sarcástica de mi amiga “MP” asegurando que tengo una capacidad enorme para adecuarme a cualquier grupo sin dificultad. Y en realidad adopto la postura de ser buen romano, lo digo por la expresión milenaria de esta cultura estirada, con poses exagerados y aunque difiero de las condiciones mencionadas de esta gente, entiendo que ese código social al que te adentras, debes respetarlo y si no estás dispuesto actuar como tal, probablemente debas renunciar. No estoy hablando de perder la esencia frente a quienes de una u otra forma, eres un extraño, ciertamente hay reglas que debes respetar.

Imagino que muchos de ustedes al igual que yo, han querido alguna vez tirar por la ventana el protocolo, pero por desgracia, somos insignificantes ante el monstruo de vanidad y derroche de cuentas bancarias cuando nos toca ser participes por alguna razón frente a esta vanalidad. Todos tenemos prototipos de ambientes y personas con los cuales nos sentimos cómodos. Al menos yo no salgo de casa sin mi manual de sobrevivencia cotidiana; muchas veces, desde mi perspectiva, destierro leyendas urbanas y otras tantas, descubro algunas cosas inexorables, como por ejemplo:

- Las putas se conocen entre si
- Los pobres NO juegan golf
- Los Sapos bailan flamenco
- Las princesas toman ron
- Los ricos lloran de madrugada
- Los cerdos no comen diamantes
- Las modelos orinan paradas
- Los jevitos odian la albahaca
- Las monjas bailan reguetón
- Los locos si piensan
- Los abogados comen frituras
- Los Capos son diplomáticos
Y por último, pero no menos importante:
- Los marcianos son de plutón

Pero, cuesta mucho compenetrarnos al medio en que nos asociamos por vez primera? Fingimos para impresionar a quienes nos rodean, yendo en contra de nuestros gustos? Los patrones personales, están constituidos a bases de complacencias totalmente? Nos produce ansiedad extrema convertirnos en espías ante un circulo diferente al nuestro?
Lo más horroroso es fingir ser alguien diferente a quien en realidad eres, es detestable… inaceptable. Quién inventó las reglas? Las mismas están diseñadas para cumplirlas o para romperlas?

En realidad … a veces, nada es lo que parece…

viernes, 31 de julio de 2009

"Extremo" !!!

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El domingo pasado lo comprobé. Supe sin duda alguna que todos tenemos un extremo contradictorio a nuestras emociones, sentimientos y actitudes. Dentro de los patrones considerados como “buenos o malos” ... TODOS alguna vez hemos dado un paso al frente rompiendo las reglas preestablecidas de lo que nos encasilla como ángeles o malvados. Todos tenemos un límite para resistir o soportar las exterioridades o situaciones donde la frontera emocional, requiere prudencia. Qué pasa cuando ese límite de tolerancia está activado al 99%? Qué pasa cuando el morbo nos visita y despierta un interés desmesurado que corroe el esternón de nuestros deseos? Los seres humanos respondemos ante las provocaciones, ante situaciones que procuramos ignorar toda una vida, más un día tiramos al precipicio las reglas no escritas.

Lo idóneo es que si alguien te trata bien, tú le retribuyas de igual forma. Se entiende debe ser así, cierto? … Cuando la inconstancia entra en acción dando paso a la irregularidad, comienza el disturbio efervescente a intranquilizarnos la existencia (siempre y cuando las mismas nos importen), de lo contrario, al menos en mi caso, las ignoro. Subestimamos a ciertos animales considerándonos superior en la cadena y quedamos mal parados ante muchos sólo por tener pulgares (y por desgracia lo usamos para recriminar, señalar, acusar prejuiciosamente a los demás… y entonces?) En mi última visita a Ocean World, le pregunté a uno de los entrenadores, cuál era el truco para que los animales respondieran significativamente sin alterar su ciclo y responder a cada una de sus demandas para lograr hacer un espectáculo acuático sin márgenes de errores; ( y aunque tenía el conocimiento de la respuesta, quería estar seguro, sin duda alguna) fácil, me contestó. Cada vez que uno de los delfines o leones marinos hace una hazaña prodigiosa, nosotros procedemos a darle un pescado, pero si alguna vez dejas de dárselo, alterarás el curso de obediencia, tendrás un animal furioso y fuera de control. Los humanos respondemos de la misma forma? Necesitamos esa motivación para poder brindar un sentimiento constante? La constancia es la clave del éxito, es la que garantiza la solidez en cualquier relación.

Algunas culturas sustentan la teoría relativa de los enunciados mencionados anteriormente, como el yin y el yan … como el blanco y el negro, frio y caliente. Lo más desastroso, es el término medio proveniente de ambos extremos, un mar de situaciones adyacentes miserables, como el gris o los tibios e indecisos. Por desgracia, la crueldad humana presente en cada uno de nosotros, no soporta convivir con alguien a nuestro alrededor que posea ambos extremos, convirtiéndose en un guiñapo andante sin desición propia, sin visiones, sueños o determinaciones.

Dicen que todo villano tiene un lado bueno y todo “ángel” tiene su lado oscuro. Pero esta "complejidad humana" existencial, no es tan importante cuando la etiqueta principal dice quien eres o todos conocen por encima de tu camiseta cuando estás al desnudo más allá de un prejuicio o impresión. Pero, ese rasgo extremo de nuestra cordura, le gana a la predeterminada esencia de quienes somos? Una manía o fantasma, desacredita las bondades que poseemos? Qué pasa cuando la dejamos al descubierto? Los demás nos tratan igual sin tirar por el piso las benevolencias o malicias nuestras? O en el caso extremo, descubrimos que simplemente la venganza es dulce?

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El Asno y " YO" !!!

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El lugar de moda abría sus puertas en las afueras de la ciudad; un menú de primera y la mejor vista que puedan imaginarse, el lugar preferido por las “celebridades dominicanas” algunos políticos y turistas. Quisimos tener la primicia de mostrar a los televidentes las benevolencias del lugar más “In” del momento, la copia fiel de uno de los lugares más nice en Miami, el mismo que cada fin de semana producía en ventas más de 25 mil dólares. Llegamos cerca de las 3 de la tarde; quería captar la magia del lugar cayendo el atardecer, dándole la bienvenida a la noche y probar su deliciosa carta gastronómica. Examiné cuidadosamente cada rincón del lugar descubriendo las impresionantes locaciones que te hacían sentir en Hawaii. Hicimos pruebas de ángulos, conocimos algunos gerenciales del lugar hasta esperar el momento ideal para atrapar la caída del sol fundiéndose con el mar y hacer dichas entrevistas entre 5:50 y 6:20 de la tarde. Ahí llegó nuestro invitado estelar, vestido de blanco, con cara de presunción y lentes baratos de surfear. Nos poníamos al tanto antes de la entrevista, su acento tenía etiqueta de argentino por lo que procedí a preguntarle de que parte de este país era; él me miró con cara de desagravio diciéndome: “Che, pero tú eres un asno, de verdad que eres un asno” … acaso no sabes que yo soy uruguayo, acaso no se me ve en la cara que no tengo ni un coñ- de ser argentino"? Mientras arrastraba todas las “consonantes “ s-h” antes de cada vocal. Mi compañera de trabajo me miró petrificada como si se armara la guerra de Troya, tenía dos salidas en el momento. Primero: recoger todo el equipo y marcharnos del lugar o no tomarme nada personal y no igualarme a uno de los niveles más bajos que puede tener un ser humano “Ser grosero (a). Mil disculpas señor por haber usado mi prejuicio y falsa intuición nacionalista y de fronteras, fueron mis palabras. Horas más tarde, uno de mis compañeros me explicaba que existía disyuntiva entre algunos países del cono sur.

Me esmeré en dirigir la filmación con una precisión cual Steven Spielberg, para que cada detalle saliera a la perfección desde la entrevista, tomas, planos de apoyo, filtros … todo. Al día siguiente estaba en la oficina de nuestro editor bien temprano tocando su puerta, quería usar la última tendencia y tecnología en edición con ese reportaje que saldría en la emisión de la siguiente semana, no importaba si tuviera que adquirir un nuevo programa de edición; quería sentarme ese domingo en casa como espectador a ver la magistral obra que en la pantalla chica denotara con mi acostumbrado trabajo, que estaba muy lejos de ser un “asno” … Creo que ni mi trabajo visual de tesis universitario me quedó tan “pulcro” como este reportaje. Cuando llegué el lunes a mi trabajo, mi jefa me miró sabiendo que con mi comportamiento le había dado “una bofetada sin mano” al grosero, minutos más tarde me expresaba que el cliente se había sentido súper encantado con el trabajo que habíamos realizado; y como siempre les digo, papá Dios castiga sin palo. Ahí estaba el uruguayo llamando a mi oficina toda la semana, precisamente cuando estaba fuera. Cada vez que entraba me daban los mensajes que dejaba para mí; ni siquiera me molesté en devolverle la llamada telefónica, entendía que no debía tener ningún vínculo con esta persona, tampoco me interesaba. Al día siguiente recibí una llamada a mi celular. “Buenos días” contesté, señor Valentín cómo estás? … Gracias a Dios Bien! Me alegro che, oye, estoy llamando para felicitarte y porque necesito que me facilites una copia del excelente reportaje que hicieras de nuestro establecimiento. Dijo el uruguayo. Justo en ese momento supe que el comportamiento no es constante ni universal entre los hombres, no pensaba alzar la bandera de “ego” patriótico de países en decadencia, simplemente entendí en 12 segundos que malgastaba mi tiempo escuchándole, dando la respuesta más certera: “Lo siento señor, un asno no hace ese tipo de trabajo”, colgando.

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