martes, 4 de diciembre de 2007

SIN FE !!!


era una mujer dueña de la noche, los perfumes, el maquillaje, las grandes fiestas y los placeres corporales. Su cuerpo era ofrecido al mejor postor para compensar el oficio en el que se había sumergido durante varios años.

Los clubes nocturnos, las fiestas y la música alegre eran los lugares que prefería para estar en ese espacio sideral donde su jornada comenzaba al llegar la noche. Su mirada profunda y penetrante calaba en los hombres que esparcían ese morbo extremo en donde la lujuria era el complemento ideal para una desenfrenada noche de pasión que terminaba con el humo de varios cigarrillos, una despedida sin palabras por parte de su acompañante y algunos billetes arrugados cerca de su lecho.

Un día se propuso dejarlo todo. Comenzar desde cero su vida tras tocar fondo. Decidió abandonar el mundo lleno de vanidad donde no existiera Lancome, Prada, Cover Girl, altos tacones ni ropa sexy. Quería ser amada por alguien sin que tuviera que pagarle para conocer el placer verdadero que implica una caricia llena de ternura y el sabor de unos besos de un compañero que guardaba ansiosamente al terminar su trabajo. Ella soñaba con ser madre, con poner la mesa en el comedor y mirar por un ventanal de cristales transparentes una nueva vida.

Una noche sin fecha cualquiera; el amor verdadero se detuvo en su puerta; se resistía a creer que el cielo había escuchado sus plegarias. Abrazó la vida como un niño a su juguete el día de reyes.

Dormía plácidamente arropada bajo el afecto que siempre soñó sin sospechar que su alma gemela tenía alas negras y llevaba consigo el mal de toda una vida desenfrenada parecida a la que había abandonado hacia meses.

Su cuerpo se debilitó producto del virus de inmunodeficiencia adquirida “SIDA” ella desconocía todo; quiso pensar que su cuerpo estaba vulnerable consecuencia de sus malas noches.

Sus visitas no eran a Spa ni a tomar clases de Golf, eran a clínicas y hospitales varias veces a la semana tratando de encontrar salud y seguir delante con su ideal. Su esbelto cuerpo dejó de ser atractivo y buscó el parentesco a un lánguido arbusto seco, sin ramas, sin hojas…


No tuvo lágrimas para llorar cuando se enteró de que su reloj de arena contaba con pocos granos por derramar antes de olvidarse contemplar amaneceres.

Encerró su desesperanza en ese silencio que se sumergen las almas cuando buscan el consuelo en los confines de un plano donde el todo poderoso contesta las preguntas y valida las plegarias; se resignó al final de una tarde con tanta paz en sus huesos forrados de poca o ninguna carne y sin sonrisa entregó su alma al creador para seguir teniendo Fé.

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