Luego de Cuatro Caipiriñas, dos mojitos y algún café expreso en las cercanías de mi playa favorita en Samaná, “AP” se encargó de hacer una regresión a días pasados en el calendario, trayendo a colación diferentes temporadas de días llenos de sonrisas, alegría, desaciertos y nostalgia, resaltando la felicidad pasada, la época gloriosa que todos hemos tenido, conocida como “esplendor” … momento donde creemos estar en la cúspide eterna. A todos nos gusta sentir la placidez, confianza y garantía de que todo permanecerá intacto y cargaremos eternamente la “Felicidad” sin experimentar cambio alguno; es bueno resaltar cuan cambiante es el mundo, nuestro hábitat y las personas a nuestro alrededor. Cada segundo implica un cambio dentro de un universo constante de movimientos indirectos de nuestros pasos y decisiones ajenas que nos afectan.
Nuestras acciones, decisiones y constancia nos vaticinan la posteridad en el camino a transitar; para consolidar las metas añoradas, es necesario estar receptivos a los cambios. Toda acción cometida con imprudencia en el pasado, se refleja en nuestro futuro.
Quedarnos atrapados en el recuerdo constante de una eventualidad acarrea daños emocionales a mediano y largo plazo. Lo más prudente es crecer con cada tropiezo, disfrutar al máximo cada instante de felicidad y abrir todas las ventanas para dejar escapar sin resentimiento alguno los pesares de años pasados. (…)
Me recosté en el amplio “chair- longe” ante el despiadado sol de la mañana, minutos antes de dormirme, escuchando la tranquilidad relajante de las olas del mar, recordé sin esfuerzo alguno que, los imperios caen, la vida continua.







