Qué motivos tendría “ST” para jugar con los hombres como piezas de ajedrez moviéndolos a su antojo? Cuál era el móvil que le impulsaba actuar de una forma irreverente con cada una de sus relaciones? Qué pasa con las que tienen suerte, son feas y no las aprovechan … acaso son bonitas? Me preguntaba mientras escuchaba las palabras de ella dando rienda suelta a su osadía, explayando con donaire el maltrato que sometía cada uno de sus novios. Algo andaba mal, tenía el presentimiento. Ese algo o alguien era un monstruo que en su interior oscurecía su alma arrastrándola a un agujero negro con sus fantasmas y convirtiéndola indiscutiblemente en una cruel villana. “ST” es el prototipo de mujer no muy favorecida por la naturaleza, pero su agradable personalidad, propician confianza al género opuesto para una fácil conquista. Es de las que seleccionan con prototipos específicos de rasgos superficiales sus relaciones y por lo general suelen tener el mismo temperamento; es una increíble cazadora de hombres (por decirlo así, dándole luego una patada por el trasero, desechándolos cuando estos están enamorados o entusiasmados con ella) …
Justo cuando estaba en el esplendor de sus hazañas, se enamoró perdidamente de uno de sus juguetes, un espécimen misterioso, su antítesis, alguien a quien abrió su corazón con un sentimiento jamás imaginado, pero la suerte hace trampas a la luz del sol, cambiando el sentido de las cosas con un incierto sorprendente. Una noche nos reunimos para conversar y tomar un par de tragos, momento ideal para escuchar sus historias crudas, sin editar, sus razones, era de esperarse pues aseguran que los locos, niños y borrachos siempre dicen la verdad. Tras varias copas, sin pose alguna, ondeando su rebelde cabellera, con cierta nostalgia y franqueza me dijo: “En verdad no se que hago viva, personas como yo deberían desaparecer de la tierra, siempre he pensado que estoy en este mundo para sufrir … yo no debería estar viva”, al tiempo que se desplazaban por sus mejillas dos lágrimas exorbitantes cual cataratas del Niágara. Si hubiera sido psicoanalista, seguramente habría sido mi mejor paciente. Tras escuchar su historia poco convincente ante el trato injustificado a las relaciones que había tenido consigo, pude armar las piezas del rompecabezas en mi mente, el eslabón perdido entre el mar de preguntas que me invadían y las razones injustificadas de su locura, el teorema mejor planteado, uno que retumbaba en mi cabeza con toda claridad, como un axioma, la frase milenaria inequívoca ante toda ofrenda o recibimiento de amor sincero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” …
Cuántas veces no hemos escuchado esta frase y la hemos obviado pensando que es sólo una letanía sin sentido, pero cuando pensé con cierta lógica, comprendí cuan profunda y exacta era. El ser humano ama en proporción como se ame a si mismo, muchas personas no sienten amor por su vida y ha de esperarse que tampoco lo harán con alguien que llegue a su entorno. Insisto: Nadie puede dar algo que no tiene. Amarás de la misma forma que lo haces por ti mismo (a) sin que ese sentimiento se mezcle con el ego desbordante en tu forma de ser. “ST” sentía desprecio por su vida, sentía que no debía estar viva, deseaba estar muerta ... toda esa amargura la expresaba ante todas sus relaciones. Yo soy muy observador de la conducta humana y estoy convencido en que, el comportamiento de nuestra pareja con su familia y los suyos, es la radiografía perfecta para conocer el futuro de tu relación. Si alguien siente desprecio por su madre, hermanos (as) y conflictos con sus amigos o tiene un alto rechazo social, entonces estamos frente a una persona con muy pocas probabilidades o ningunas de tener una plácida compenetración sentimental. Para conocer las cincunstancias que envuelven a las personas criptogramas, hay que introducirse en lo más proundo de su inframundo. Los seres humanos se resisten cerrar círculos tormentosos y seguir caminando adelante sin resentimientos. Es tiempo de romper esquemas, de perdonar, de echar a volar los miedos, los fantasmas … quizás no podamos cambiar el pasado, pero la forma en que actuemos ahora, decidirá nuestro futuro. Es momento oportuno de ver la capacidad de dar y recibir amor que tienes contigo, partiendo de la reflexión: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” …








