La blanca puerta volvió abrirse por milésima vez, encerró su nostalgia conduciendo sus pasos al Cristo de madera imaginario al pie de su tálamo, sus rodillas flaquearon y postrado ante la incomprensión desconcertante de lo justo y correcto, lloró con amargura las lágrimas más conmovedoras de su introspección abrazando la miseria de abrazos olvidados y palabras disfrazadas en justificaciones convincentes que arrojaban lástima, la misma que invadía su esternón alojándose en su diafragma privándole respirar por un instante, una negra lágrima bordeó sin detenerse, el contorno de su alma. Su galaxia oscureció al mejor estilo de Chaplin, sin acordes de guitarra, sin cancionero, sin argumentos para renovar su fe momentánea. Quizás cada escena recordada era la utopía de restablecer el camino para echar andar sus pasos despertando la ternura apaciguada en rincones polares. El sol oscureció ante la nostalgia, la noche palideció y en su entorno la placidez tranquila de su conciencia; probablemente se acomodaría, esperaría sentado a que el viento tocara su cara sin necesidad de correr, quizás su optimismo necesitaba ser desempolvado del pavimento … Cerró sus ojos y recordó las palabras del maestro: “Padre, si no es mío este trago, pasa de mi esta copa”. Extasió su cuerpo abatido, sin despojar prenda alguna, sin mirar el reloj o proponerse escuchar el sonido cruel del teléfono en el umbral de días pasados. Dormiría con la certeza absoluta de abrir sus ojos con la respuesta ante la señal anhelada, probablemente el sol brillaría más intenso o el viento movería igual las hojas de los arboles como sus cabellos y ya no habría más suplica de misericordia …
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martes, 1 de diciembre de 2009
viernes, 13 de noviembre de 2009
A puerta cerradas ...
Me quedé por un instante observando a mi hermana el pasado lunes en su cumpleaños al cual asistimos de pasa día en familia en la playa de Salinas … miraba una y otra vez su semblante mientras el tímido sol del atardecer doraba su corta cabellera. Caminé hacia ella y sin decirle palabra alguna recosté mi brazo izquierdo en su hombro y mi cabeza tímidamente escapando el agua salada por su espalda; disfrutando de este gesto que constituía sin duda alguna uno de los días más felices del año para mi, recordé una vez más las razones por las que amo deliberadamente a mi hermana: “Su transparencia” y con esta, la constancia en los rasgos de su personalidad, su sentido de buen humor a flor de piel y esa risa sin igual que viene directamente del corazón. Estoy conciente de que los humanos no reímos siempre, pero esta condición hace más agradable la presencia de quienes disfrutamos su compañía o estimamos. Estoy seguro que ella ha pasado por etapas dolorosas y pruebas, más ha decidido salir de las mismas sin gestos de pantomima. Contrario a ella y a quienes deciden vivir a todo corazón cada minuto de existencia, hay otros que cierran herméticamente su vida y tiran al fondo del mar la llave, sin darle la oportunidad a quienes desean entrar por la misma puerta que alguna vez tuvo balaustre. Es justo o correcto asumir esta posición con todo el mundo? Por qué tiempo subsistimos en esta reclusión interna? Se repone el alma ante tal oscuridad?
Las personas resolvemos los problemas, situaciones y dificultades momentáneas mediante el dialogo, la comunicación efectiva y el entendimiento sin anteponer la razón asumida como universal; cuando nos quedamos atrapados dentro de esa burbuja por tiempo indefinido, vamos cavando una fría y despiadada tumba donde van pereciendo cada uno de los sentimientos hermosos de nuestro interior y oxidando el caparazón externo vestido de hipocresía y frialdad. Siempre hay personas a quien le importas, amigos disgustos a escucharte, alguien en tu familia con un hombro incondicional para servirte de soporte ante las caídas. Saca las amarguras afuera, ámate sin importar las heridas del pasado y ríe en lugar de inspirar lástima o desprecio. Comienza por abrir las ventanas, poco a poco y cuando menos imagine, las puertas que mantuviste cerradas por largo tiempo, abrirán sin crujidos, sin dificultad, cuando esto sucede, liberas tu interior de ese efecto invernadero en que tuviste atrapado y si la resistencia le ganan al optimismo de tu entorno, es probable que la muchedumbre que se encontraba del otro lado del portón se hayan marchado. Quizás a muchos, por encima de la sensatez, de abrir nuestro interior y ofrecer nuestra ayuda solidaria o regalarle una llave maestra, debamos recordarle que las ciudades amuralladas no están de moda y que en Berlín ya no hay muro por derribar…
Publicado por
VALENTIN
en
6:59:00 a. m.
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