Hoy era yo quien desnudaba mi alma y vestía mi cuerpo; dejaba andar mi imaginación ... cobijé mi entorno de paciencia y cordura.
Até mis prejuicios y los eché por un barranco; aliviané mi carga y me pregunté si era necesario soportar las necedades de personas inoportunas ... Mi verdad seguía en blanco.
Ahí estaba yo, desnudando mi mente frente a todos. Hoy no me sentía vulnerable, era optimista y bajo mis piés algunas cosas que pensaba eran utopías. Volví a caminar como de costumbre descalzo con aquellos zapatos marrones; dejé de nuevo abierta la puerta del entendimiento exterior.
No lo pensé dos veces. Escapé por un momento de la realidad mientras desnudaba mi interior para entregarme en sueños, pesadillas y monocromía de una vida con grandes aciertos y muchas verdades; verdades desnudas, verdades sin ropa, así, como yo: Desnudo!



