De nuevo volvía a encontrarme cara a cara con el mismo niño que había causado estragos en mí con su comportamiento el pasado año en uno de los eventos que me toca producir. Y como olvidarme de su rostro, tan peculiar, tan sarcástico y retador para ostentar quizás algunos 12 años. Hola, te acuerdas de mi, fueron sus palabras mientas me tocaba el brazo para que no tuviera ninguna oportunidad de ignorarlo. Yo soy el que participó el año pasado en este evento infantil y de nuevo quiero participar, me decía con cierta connotación imperante mientras me señalaba con su dedo a la cara (cosa que me molesta) Yo le miraba fijo deseando que fuera uno de mis sobrinos para ponerlo en cuarentena por su irrespeto. Justo en ese momento se acerca su padre con varios recortes de publicaciones en periódicos y revistas, mostrando con orgullo el rostro de su vástago, como si me restregara que los 3 minutos de fama de su hijo, se habían multiplicado por la quinta potencia y trascendido al estrellato, dejándome a mi el dolor de cabeza y la rabia más extrema por aquel chiquillo haber dañado TODA la logística del evento en fotografía y filmación para la televisión, ya que el adorable diablito (perdón, este niño indisciplinado, malcriado y grosero) se encargó de no bajar del escenario hasta culminar la función. Cuando intenté explicarle que no debía estar en tarima si no era necesario, se aferró a uno de los expositores y le dijo mientras me señalaba y llorisqueaba: “ese joven de ahí quiere sacarme del evento, no permita que me baje de aquí” … el conductor, quien es amigo mío, me miró esparciendo una gran carcajada y diciéndole: Nadie te va a bajar de aquí, ahora serás mi asistente. Yo estaba que botaba chispas de la rabia. Para no cansarles la historia, el pequeño travieso se salió con las suyas y estaba dispuesto hacerlo nuevamente mientras me miraba con cierto rencor, retándome con la mirada, siguiéndome con la vista.
Me dirigí donde su padre, quien parecía ajeno a la situación. “Señor, no se si se habrá dado cuenta de un pequeño detalle; la indisciplina de su hijo mal criado, me acarreó un daño en la logística del pasado evento y este año no voy a permitir que suceda de nuevo, así que controle su cabra montesina y todos estaremos felices y contentos, entendido?” … el pareció no darle mucha importancia a mis palabras, pero cuando vio la expresión innegociable de mi mirada ante mis palabras, asentó con la cabeza dando por entendido que no estaba bromeando. Justo en ese instante, pensé en "mis padres y sus súper – poderes" que tenían cuando mis hermanos y yo éramos niños. Mi madre tenía el poder de desaparecernos con la mirada y cada expresión de su cara tenía un mensaje que decodificábamos con claridad como cuando llegaba visita y nos miraba queriéndonos decir “Pinta un cuadro y piérdete en el” … Mi padre por su lado, tenía el poder de transportarnos a la velocidad de la luz, pues podíamos estar en Chipre, Madagascar o Hawai y con solo llamarnos una vez con su voz imponente, estábamos en cuestión de segundos a su lado. No era temor, era disciplina, era respeto innegociable. En este siglo el lenguaje corporal, las miradas y la sutileza no funciona en los niños y lo que se considera como respeto, es un instrumento con el que ellos juegan a su antojo.
No estaba dispuesto a dejarme provocar por el pequeño, aunque no debía ser duro con el porque de serlo aún teniendo mis razones, mostraría poca empatía hacia él y no lograría muchas cosas en solo horas, ya que su cimiento familiar era reforzado diariamente al antojo del pequeño. Muchas personas insisten en que los niños son crueles, yo pienso que no todos los niños lo son, pero cuando no hay la suficiente dosis de disciplina en su formación familiar, el pequeño se mostrará a los demás tal cual es, sin mascaras, sin poses, aunque admito que hay niños malvados y perversos. Cuando le vi empujando a una nena de algunos 5 años, comprendí que este indisciplinado chico era un futuro pedante y villano que aterrorizaría a todos los de su circulo. “Primero, eres un chico muy irrespetuoso, segundo, desconsiderado y por ultimo, te gusta provocar a los adultos, si vas a optar ser un adulto, me parece ilógico que empujes a una niña que podría ser tu hermana pequeña, los adultos protegemos a los pequeños, así que eres tan infantil como grosero y malcriado” … no me señales, porque no me gusta … Por favor siéntate y no te pares de esa silla a menos que decidas ir al baño, el show comenzará en 10 minutos" le dije, mirándole fijo a los ojos … Tanto el padre como el pequeño, entendieron mi actitud demandante de respeto. Al finalizar la actividad, el chico fue a mi y me dijo: viste que me porte bien … Nos vemos el próximo año si Dios quiere, mientras extendía su mano con cierta franqueza para despedirse, sonreí con la satisfacción de saber que mis palabras (aunque en su momento fueran un poco duras) habían logrado su cometido…








