Cuando en febrero de este año leí en un titular de un periódico internacional que “El Bulli” había cerrado sus puertas, me negué a creer dicha noticia por algunos instantes. Decía adiós al mundo de la gastronomía el restaurante más controversial, emblemático y famoso de todo el mundo. Su creador, el chef Ferrán Adriá, padre de la “Cocina Molecular” había marcado un precedente en el área de la “Nouvelle Cusine” con una tendencia considerada como poca ortodoxa por lo que muchos la consideraban “Comida para astronautas” … Yo pienso igual. Uno de los placeres más reconfortantes (después del sexo) es la comida y la misma, no tiene por que ser un experimento donde un comensal parece un científico sentado en una mesa decodificando formulas adjuntas en una pócima o un plato espumante. No todas las ideas son acertadas o perduran en el mercado por mucho tiempo, la cocina molecular es la incorporación de propiedades físicas y químicas a los alimentos con procesos tecnológicos a los que son sometidos, donde está presente el nitrógeno, desconstrucción de recetas, sometidas a diferentes procesos como la viscosidad y la gelificación. Es broma verdad? Sostienen algunos amantes de la gastronomía cuando son cuestionados sobre el auge que esta directriz de la cocina que parece apartarse del camino de la cocina tradicional y los fogones, pensando más bien en tendencias futuristas muy próximo al año 3742.
El pasado año, Ferrán Adriá estuvo presente en uno de los eventos más importante para la gastronomía dominicana “Millesimé Cap Cana” donde convergieron los mejores chef de diferentes países del mundo y América Latina. El lenguaje de la comida es universal, nos une a todos en la mesa sin importar que quienes compartan ese espacio sean de otras fronteras. Los chefs más afamados persiguen los sabores más exóticos, las texturas más delicadas al paladar buscando por todo el planeta diferentes ingredientes para crear la receta perfecta; muchas son las teorías manifestadas por el cierre de “El Bulli”. La noticia más reciente, ofrecida al diario The New York Times, dejó bien claro que él y su socio cerrarían definitivamente el restaurante para abrir en lo adelante un centro de cocina para enseñanza avanzada. Ferrán Adriá tenía el toque del Rey Midas en su laboratorio (a quienes muchos entendían que era la cocina) por la manera en deconstruir platos: “las salsas las convertía en sólido y los sólidos en espumantes y aromas. Sus creaciones, según muchos expertos, despertaba el sexto sentido: “La sensibilidad” y pienso que lo ultimo que haría un comensal en una mesa, es manifestar sentimientos impropios de una acción: “Melancolía, tristeza, lástima, nostalgia” … si esto fuese así, indiscutiblemente estamos frente a una indiscutible cochinada. La comida, más allá de una apreciación visual, se hace para degustarla, comerla, saborearla.
La cocina molecular, aún con sus esfuerzos y el gran aporte de investigación desde la década de los 70 del siglo pasado hasta nuestros días, es más difamada que aplaudida y las estrellas michelín que ostenta su mentor actual, es sin duda el legado de su arduo trabajo, más debe quedar bien claro que, el selecto público que hacía reservas con meses de antelación para asistir a este recordado restaurante, no es el que repite una y tantas veces ni vuelve a desperdiciar una fortuna para disfrutar un plato con algunas gotas de espuma, nitrógeno y mezcla de olores en una obra que no es de arte sino de laboratorio. En lo particular, creo que lo mejor que pudo hacer Ferrán Adriá, fue salir por la puerta grande estando en su mejor momento, porque a decir verdad, la cocina molecular, es una verdadera cochinada …




