Las alternativas son ilimitadas y siempre buscamos un escape para salir a flote ante una situación desagradable. Hay días en que la rutina, el trabajo excesivo, el cansancio y las pocas ganas nos ganan la batalla diaria. Pero, quien dijo que rendirse es una opción? Nos quedamos sumergidos en un sueño constante del que despertamos jamás? El nivel de resistencia un día simplemente amanece activado y nos gana la vulnerabilidad. Esto es normal porque estamos hechos de emociones; más, las que desequilibran los niveles de “cordura” queriendo hacer cimientos en nuestro entorno cotidiano, son desterradas totalmente de nuestra conciencia para dar paso al optimismo y regular el sistema emocional desequilibrado por todas las piezas que unen la afortunada o miserable vida que elegimos seguir con nuestra actitud. La nostalgia, angustia, ansiedad, depresión y el estrés, parecen poner de cabeza la generación que avanza con pasos gigantescos donde los índigos son discriminados y los variables puestos en el paredón, juzgados por la Inteligencia emocional… contradictorio no?
La cantidad de años disminuye en la raza humana cada siglo poniendo en debate la calidad vivida o el conjunto de días sumados donde al final sólo quedan arrugas, añoranza y las ganas de querer hacer aquello que tanto anhelaste y echaste a un lado para después por estar sumergido en la rutina. El trabajo constante requiere vacaciones, la rutina se combate alejándonos un día de todo lo estresante y recargar las pilas para renovar el espíritu. Los extremos muchas veces proporcionan el equilibrio que necesitamos para avanzar sonriente con algo más que fuerza de voluntad… Cuando entiendes en gran medida el verdadero significado de la vida y la integridad emocional, comprendes a ojos cerrados que la paz No se negocia...









