Probablemente Eva se vanagloriaba en el paraíso por ser la consentida, la dueña de todo cuanto pisaba, observaba y tocaba. Daba saltos de un lado a otro, probaba cuantas plantas y frutas veía a su alrededor, ahuyentaba a los animales y se sumergía en las aguas cristalinas de cualquier manantial a su antojo. Nada le importaba, era la “COSTILLA SAGRADA” de aquel Nirvana y nadie podía quitarle tal potestad… o si? Ser la pieza esencial de la creación, le hizo olvidar las reglas perdiendo desde ese momento el don fantástico del sentido común, el mismo que carece una gran parte de la humanidad. Justo el día que comió del fruto prohibido, su imperio se derrumbó, llorando la misma, lágrimas de sangre por la osadía de jactarse y desobedecer al mismo tiempo cuando la situación no ameritaba tal actitud. De ahí también, el legado a la humanidad de: “La Presunción”.
Cuántas veces hemos presumido ser eternos en nuestro reinado que nos posiciona estar en la cima? Cuántas veces hemos pensado que la jerarquía en el plano laboral, amoroso o cotidiano nunca terminará? Por desgracia, la antítesis de los actos inapropiados nos arroja a la desgracia y tiran por el piso despiadadamente el final de la acción vanagloriosa equivocada. Siempre que observo a alguien presumiendo “Su eternidad”, me recuerda la caída del imperio romano, del muro de Berlín, del derrumbe de grandes mandatarios políticos y “Personajes engreídos” que asumen ser dueños del mundo. Presumir nunca ha estado ni estará de moda. Lo que si perdura y se queda en cada persona es la esencia de los buenos actos y la transparencia con que conduces tus pasos sin hacer daño a nadie por donde vas. Por lo general, quien o quienes nos dan libertad para actuar a nuestras anchas y agrandar nuestros horizontes, también nos quita tal poder, dejándonos a la intemperie, con la vergüenza social y moral sin antifaz. Cada vez que alguien hace honor a la osadía petulante de Eva, muerde la manzana con la tentación más irresistible que esconde en su ser, lo que me hace pensar al menos a mi, que esa misma “COSTILLA SAGRADA” era (es) de barro … y nadie puede construir un imperio, muralla o fortaleza de fango porque tarde o temprano se derrumbará …









