Mi amigo “AD” es de los que se miran al espejo insistentemente. Aprovecha cualquier objeto cromado para verse una y otra vez. Qué tratas de encontrar cuando te miras al espejo con tanta frecuencia? le pregunté mientras observaba acomodar su cabello en el espejo del ascensor. - “Yo siempre he sido un fanático de los espejos, trato de ver mi apariencia y cuando nadie me ve, duro mucho tiempo frente al espejo haciendo bromas con mi reflejo” me contestó, dejando escapar su típica carcajada contagiosa, mostrando su radiante dentadura, escuchando su respuesta convincente, propia de su edad arribando apenas los 20. Buscamos el reflejo de las exterioridades o quienes somos realmente al espiarnos internamente cuando nos miramos al espejo? El marco dorado de la vida, nos arrastra alguna vez hasta la introspección del alma para ajustar cuenta con la conciencia divorciada de nuestra impecable vestimenta?
Mi hermana bromea constantemente cuando se mira al espejo, insinuando sin alarde alguno que en el espejo ve una mujer muy hermosa, si su espejo fuera mágico, terminaría arruinado en el ático por no tener otra opción que decir la verdad o simplemente reír junto a ella o afirmando que en determinados casos, la belleza interior es la que cuenta. Cuando nos miramos en el espejo, somos capaces de percibir la luz que irradiamos o asumimos tener? Y cuando las sombras invaden tu ser, puedes ver tu reflejo? Qué pasa cuando el prisma de nuestras miradas nos arrastra a lo cóncavo? Somos equitativamente proporcional a la transparencia que los demás buscan en cada uno de nosotros? Necesitamos un espejo retrovisor para mirar nuestros pasos aún cuando ignoramos lo que hacemos a quienes nos rodean?
Más allá de la vanidad o del prototipo de belleza exterior, los humanos buscamos la seguridad de proyectar emociones y sentimientos. Es justo cuando hemos alcanzado la suficiente madurez en la vida de conducirnos por el pasillo de la verdad cuando logramos ver la imagen real de nuestro reflejo…
El espejo del baño en casa de mi madre es cruel, si te miras, notas tus rasgos exagerados; ocasionalmente nuestro entorno muestra tal parecido a los cristales de un espejo donde cada persona te ve con una connotación diferente, pero al final, sin importar que tengas una convergencia entre lo cóncavo y convexo, tu esencia será siempre la misma y la bondad o maldad sale a relucir ganándole a la hipocresía disfrazada. Somos capaces de ver las puertas por las cuales hemos pasado y cerrado sin medida una y otra vez al contemplar la silueta de nuestro ser?
Más allá de la vanidad o del prototipo de belleza exterior, los humanos buscamos la seguridad de proyectar emociones y sentimientos. Es justo cuando hemos alcanzado la suficiente madurez en la vida de conducirnos por el pasillo de la verdad cuando logramos ver la imagen real de nuestro reflejo…














