
Este fín de semana, mientras me deleitaba en el montaje de postres exquisitos, recordé la peculiar infancia junto a mis hermanos. Ahora que recuerdo bien, no se desde cuando dejaron de gustarle los postres y dulces a ellos. - Yo no como postre, dice mi hermano Sandy, Soy intolerante a la lactosa, dilema de mi hermano mayor Carlos; Hilda dice: Yo no como chocolates... parecería ironía de la vida, que todas las cosas que ellos dejan de comer o no son sus favoritos en su diaria alimentación, son las que a mí me desvelan y hacen que cometa el octavo pecado capital.
Como olvidar cuando estábamos pequeños cuanto disfrutábamos juntos levantándonos de madrugada a comernos los "buñuelos" y las habichuelas con dulce que mi madre preparaba el jueves santo a muy tempranas horas de la tarde. Mi madre preparaba 2 ollas de cada una, tanta que parecía que pondría una kermes. A primeras hora de la noche, nos poníamos de acuerdo para levantarnos todos juntos a comer esta delicia y por supuesto teníamos reglas.
Primero: Debíamos levantarnos todos juntos
Nadie, absolutamente nadie, podía chocar con nada, desde el trayecto de su habitación hasta la cocina (quien chocaba con algún obstáculo, estaba descalificado)
Tercero: nada de dejar utensilios sucios en la cocina y la más difícil, NO ignorar el desayuno en la mañana para no despertar sospechas.
Mi madre era algo ingenua. Recuerdo una vez cuando ella fue a servirle a una visita "buñuelos" y al ver la olla por la mitad comentó: Caramba, juraría que habría hecho mas cantidad.. no sé, la próxima vez, tendré que duplicar la receta. O cuando comimos tanta habichuelas con dulce una madrugada que al día siguiente no teníamos nadita de hambre. Ella, al ver que hacíamos caso omiso a la comida más importante del día dijo a mi padre: "Miguel, creo que los niños están enfermos, los pobrecitos no han querido comer nada en el desayuno, creo que tendré que comprarle alguna vitamina para el apetito" y nosotros nos mirábamos poniendo cara y asentando con la cabeza afirmando la hipótesis de mi madre. jajajajajajajaja ( vamos, no pongas esa cara, también tu debes tener historias para contar....jajajajajajaja)
El Q' para levantarnos, era el ronquido más grande que mi padre podía hacer; una noche, la suerte no estuvo de nuestro lado, mi hermano sandy chocó hasta con la mecedora de la galería camino a la cocina (que es mucho decir) el ruido fué tan obvio, que mi padre despertó y todos escuchamos claramente decir: "Los muchachos dejaron el gato dentro de la casa, me levantaré a sacarlo" ... que apuros, todos nos marchamos sigilosamente a nuestras camas, fracasando el intento de realizar nuestro ilícito plan postrero (si, postrero, viene de postre, jajajajajaja) ... Al día siguiente mi hermano no podía pasarnos cerca, pués queríamos matarlo por hacernos fracasar el plan.
Mi madre ya sabe todo lo que hicimos, después de adultos son los temas favoritos para reírnos en nuestros encuentros en las vacaciones o en navidad.