Cada vez que visito “La Novia del Atlántico” (Puerto Plata), regreso a Santo Domingo irritado, mal humorado y muy desconcertado por el turismo decadente que se observa y se practica en esta ciudad. Debemos estar bien claros que nuestra isla vive del turismo sostenible, es nuestra mayor fuente de ingresos y por tal razón, debemos mantener un estándar de calidad indiscutible, innegociable que nos permita estar cada año a la vanguardia con las exigencias del vacacionista. Quien no esté dispuesto a brindar lo mejor al turista que nos visita, le recomiendo que busque otra forma para sobrevivir puesto que, todo el que invierte dinero en unas vacaciones sin importar el destino preferido, desea pasarla bien en todos los aspectos. El turista que decide viajar al caribe, lo hace por sus playas, por el clima, por la calidez de su gente y sin alardear, en República Dominicana lo encuentra. Pero esto no es suficiente cuando tenemos una gran competencia directa con playas impresionantes y sol todo el año como es el caso de México con sus destinos de moda: “Riviera Maya”, “Cancún” “Isla Mujeres”, “Playa del Carmen” etc. y si sumamos su gastronomía diversa que mueve masas para tener una opción adicional, estaríamos en desventajas, más aún así, cada año desde Europa, Norte América, Asia y Australia deciden venir a extasiarse en la comodidad de nuestro turismo, miles de vacacionistas.
Hace aproximadamente un mes, estando en el lugar con la mejor playa de la zona norte, me levanté apenas saliendo el sol, era aproximadamente las 6:30 a.m. aproveché la ocasión para hacer algunas fotografías con el sol besando el océano atlántico, un espectáculo impresionante. Luego de sumergirme en sus tibias aguas, me recosté un rato en la arena para recargar las pilas del día. Cerca de mi, observé la silueta de una chica que se acercaba, se detuvo justamente en donde yo estaba y procedió a saludarme con su inglés forzado intuyendo que yo era un turista, procedí a mirarla y decirle buenos días con cierta timidez, pensando que se trataba de una chica ambulante que había amanecido en la playa luego de haberse pasado de copas. – Deseas un masaje? me dijo. Perdón? Le contesté, quitando las gafas de mis ojos, para que comprendiera que no era un turista ni mucho menos un modelo noruego. Si, un masaje, yo soy especialista en masajes, doy todo tipo de masajes... insistía la joven mientras me miraba con un derroche de morbo y lujuria. No gracias! Insistí. -No seas así, me refutó ella, puedo darte un combo rapidito, tengo una caseta muy cerca de aqui, ven ... y asentaba con la cabeza y gesticulaba con la boca, el movimiento explicito del sexo oral. Disculpe señorita, sólo quiero tomar un poco de sol, le dije de forma determinante y luego la observé marcharse sin pudor alguno sin saber a que lugar fue. Luego me pregunté: cómo diablos puede entrar una chica horrorosamente fea (o aunque sea bonita) a una playa de un complejo privado y hacer este tipo de insinuaciones a un huésped? Qué impresión se llevarán algunos turistas que vienen sólo a broncearse y pasarla bien con su familia? Hasta donde ha llegado el turismo en la zona norte?
Puerto Plata ha sido relanzado en varias ocasiones como destino turístico y aún no acaba de arrancar y creo que difícilmente lo haga mientras en sus hoteles no hayan visionarios que limpien la “imagen rastrera y bochornosa” de esta provincia. Durante los primeros años de este siglo, Puerto Plata ostentaba el peor turismo del país con un gran alto índice de prostitución, enfermedades de transmisión sexual y un servicio pésimo. De verdad hay que lavarle la cara a este polo turístico, hay que establecer normas disciplinarias y un grado de respeto proporcionado por las cadenas hoteleras a sus huéspedes. Cuando un vacacionista desea “divertirse” de una forma inusual, este va directo al lugar que desea, no quiere encontrarse en un entorno desmoralizado con todo un exceso de situaciones bochornosas en lugares aptos para toda la familia. Que quede claro: un francés no va a venir de París por nuestros panes o nuestra pastelería, ni un italiano a comer pasta o los horribles trozos de harina con salsa que aquí llamamos pizza; NO! Vienen porque les atraen los buenos comentarios de un paraíso que proporciona al huésped la satisfacción de que su inversión corresponde a la demanda de sus exigencias, tampoco desea intoxicarse con una comida reciclada día tras día o comprobar cuan deficiente es la variedad en el buffet o que el vino de la casa es muy parecido al vinagre. Por Dios, ese “all inclusive” tiene que mejorar, ese “todo incluido” no es un regalo que se le otorga a una persona, al final es parte de nuestro sello promocional como destino ante los ojos del mundo y quien no esté decidido a dar lo mejor de si como empresa y la calidez humana de un personal preparado eficientemente, debe sin duda alguna en lugar de avergonzarnos a todos como nación, retirarse del mercado hotelero.










