Entramos en esa lucha de poder en el que ambos nos valiamos de argumentos para debatirnos el control en donde tu eras orgullosa y yo un poco más. escribí mis memorias en tu espalda desnuda, bajo el agua que acariciaba tu cuerpo y escalé hasta el ego de tu mirada que deambulaba por la esquina de mis impulsos y descubrimos que la magia de nuestro querer estaba en la intimidad de nuestra alcoba; fuera de ahí pareciamos dos extraños. Siempre me parecía atractivo tu caminar en donde no le envidiabas nada a Giselle Bundchen y hasta me gustaba verte con ese atuendo particular de cuadros y rayas. Tus 19 y mis 20 y tanto no eran genial por ese temperamento testarudo que arrastrabamos y nunca poníamos en la mesa que tu adornabas con flores... flores que cultibavas hasta en el balcón. Aún admiro de tí esa sensualidad que desbordas y como encajaban tus faldas en esa cintura que solía sujetar con fuerza hacia mi.
Maduramos el día que entendimos que ser amigos era mucho mejor que ser pareja. Aun tengo conmigo tus sonrisas y las vierto en mí cuando la nostalgia de los días de octubre me acuerdan que la primavera caducó. Te admiro por ser la única que enfrentaba la osadía de mi madre con ese recelo en el que creía que me habias alejado de su lado; no se como lo hiciste pero al final saliste ganándote el corazón de todos en mi familia; apostaste a tí y hasta yo me jugué el todo por perderme en los confines de tu optimismo. Ahora nos vemos y sonreimos con el corazón repleto de alegría; disfruto como antes verte caminar y parar el tránsito o ser la envidia de todas en la pasarela cuando sales sin poses; y luego nos marchamos a un rincón apartado de luces, cámaras y murmullo ...
... ahí estamos, fumando un cigarrillo ocasional, en un bar de poca gente y disfrutando un beso sin intermediarios de cariño, sin prisa, sin reproche, simplemente nos llevamos mejor siendo amigos.


















